Cambiando el nombre de las cosas


Dice Xavier Vence, portavoz del BNG, que el proyecto está en revisión. Tanto, que incluso existe la posibilidad de que el frente cambie de nombre. Se admiten propuestas. El objetivo es, claro, llegar a más gente y que esa gente deposite en la urna la papeleta del BNG, o como quiera que se vaya a llamar. La cuestión es si algo puede cambiar por el hecho de modificar su nombre. Imaginemos que llueve y a la lluvia le llamamos sol. ¿Seríamos de repente impermeables al agua que cae del cielo? Para la clase política está científicamente demostrado que sí. De ahí que hayan decidido rebautizar la crisis como desaceleración, de ahí que a los recortes les llamen reformas. Así, la sangría demográfica de Galicia es, en realidad, un crecimiento negativo de la población; y la fuga de jóvenes que aquí no encuentran futuro constituye una nueva fase en su proceso de formación como personas. La prevaricación no es más que persecución judicial, y las imputaciones son, simplemente, la seguridad jurídica que se le otorga a los políticos honrados. No hay, pues, de qué preocuparse. Ante un problema, basta con echar una capa de pintura que disimule lo que hay debajo. Al impuesto más injusto de la historia de Galicia le llaman autopista AP-9, cese temporal de actividad al cierre de una guardería y colectivo en dificultades a las personas que pasan hambre. Los enchufes ilegales de la hija y compañía del cada vez menos alcalde de Ourense, o de Baltar, se despachan como defectos de forma, y asunto arreglado. Se acerca ahora el aniversario del accidente de Angrois, ese que tanto el PP como el PSOE coincidieron en bautizar apresuradamente como error humano. Y punto. Es mejor no investigar más, no vaya a ser que se descubra que lo que pasó en realidad, con nombres y apellidos, fue una negligencia en cadena que, lógicamente, debería acabar con la destitución fulminante de varios irresponsables políticos. O, para que ellos nos entiendan, con el envío de un buen puñado de servidores públicos a la segunda línea, concediéndoles, en fin, unas sin duda merecidas y largas vacaciones.

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