Un ferrolano no sale solo de su domicilio por falta de accesibilidad en la vivienda
28 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Prisionero en su propia casa. Así se siente Carlos Gómez, un hombre de 72 años que no puede salir solo de su vivienda desde que le amputaron las piernas a causa de las complicaciones de una diabetes. Ahora se mueve en silla de ruedas, y su medio de transporte es precisamente lo que le mantiene encerrado. Su piso, que está régimen de propiedad a nombre de su suegra fallecida, se ubica en la calle Ejército Español.
Un inmueble de protección oficial que se ha convertido en su cárcel particular. Porque para acometer las obras necesita la firma de todos los herederos, y por el momento ni las tiene ni ha logrado ponerlo a nombre de su mujer. «Esta es la maravilla que ha hecho el Instituto Galego de Vivenda e Solo (IGVS) en Caranza», esgrime el perjudicado refiriéndose al acceso de la casa.
Escaleras y rejas
Y es que cada vez que este hombre pretende ir a la calle se encuentra con un ascensor que no llega a la puerta de su vivienda, una tanda de escaleras que bajar y, para finalizar la yincana, una reja que sustituye a la puerta del elevador. Todo ello para superar desde la dificultad que supone moverse encima de una silla de ruedas. Obviamente, no puede desplazarse solo. Le ayuda su esposa que, como él, padece las dificultades del camino hacia el exterior. «No puedo salir a la calle en pleno siglo XXI. Esto es una vergüenza», lamenta este antiguo cocinero de la residencia de Caranza que tiene reconocida una minusvalía de grado 2. «Hasta me han descontado también 50 euros de la prestación que percibo de la Ley de Dependencia», esgrime visiblemente enfadado.
Gómez no alcanza a comprender cómo en lugar de quitarle barreras, se las ponen. «Siempre dependo de alguien que me baje por las escaleras», afirma.
«Dicen que la Seguridad Social no tiene dinero», asegura el perjudicado, que no bastándole con las complicaciones que atraviesa para llegar a la calle, aún tiene alguna más en el interior de su piso. Porque para colmo, no puede ir solo al cuarto de baño al no entrar su silla de ruedas por la puerta. Otro fallo en el diseño de esta vivienda que, desde luego, no está pensada para él. Viendo que nadie concretaba nada, envió una carta certificada al IGVS hace dos años. «Deben de tener mucho trabajo, que ni caso», sentencia. Solo le quedaba hacer público su anhelo por lograr la libertad.