Baltar, a una semana del banquillo

Miguel Ascón Belver
miguel ascón OURENSE / LA VOZ

GALICIA

Tras dos décadas de poder casi absoluto en Ourense, el expresidente de la Diputación se enfrenta a un juicio por sus supuestos enchufes

22 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

De no ser porque a partir del próximo día 30 empezará a ser juzgado por prevaricación, José Luis Baltar Pumar (Esgos, 1940) llevaría una vida no muy diferente a la de cualquier jubilado. Sin embargo, él fue durante dos décadas el indiscutible líder político de Ourense. Años y años ostentando el poder casi absoluto en la provincia con una gestión tan personalista como la suya han hecho que la palabra cacique haya quedado permanentemente vinculada a su figura. Él mismo admitía serlo, pero el juicio que se celebrará en menos de quince días determinará si lo era en el buen sentido, como él aseguraba, o en el malo.

Después de ser imputado por el juez Leonardo Álvarez, a inicios del año 2012, José Luis Baltar pidió la suspensión de militancia del PP y comenzó a asumir que, ahora que ya estaba retirado, tendría que enfrentarse al peor trago de su carrera política. Había dejado todo atado y bien atado con su hijo al frente del partido y de la Diputación. El expresidente estaba disfrutando de su jubilación, paseaba tranquilo, iba todos los días a recoger a sus nietos a un céntrico colegio concertado y lo siguió haciendo tras su imputación. Sin embargo, muchas veces se le ve solo. Sigue repartiendo saludos aunque ya hay quien los evita. Si fuese condenado, la desaprobación social será aún mayor para alguien que, además, se presentaba como el mayor benefactor de la provincia.

Sería un triste final para una larga y fructífera carrera política, al menos en términos electorales. José Luis Baltar forjó un liderazgo difícil de emular y lo hizo partiendo de una familia que no era pobre pero que, como se suele decir, sí era humilde. Nació en una aldea de Esgos y pronto progresó. Se hizo profesor y comenzó a ejercer en el municipio vecino de Nogueira de Ramuín. Allí empezó también su carrera política. En 1968 se convertía en concejal y en 1975, cuando aún agonizaba el régimen franquista, era nombrado alcalde.

La democracia no fue un obstáculo para su evolución y, de la mano de Eulogio Gómez Franqueira, se situó primero en UCD y después en Centristas de Galicia. El éxito de esta organización en la provincia de Ourense propició la confluencia con Alianza Popular y el 20 de enero de 1990 José Luis Baltar se convertía en presidente de la Diputación ourensana. Lo hacía en sustitución de Victorino Núñez, que había sido nombrado presidente del Parlamento gallego y que no sospechaba que su ausencia en Ourense brindaba al sucesor la posibilidad de hacerse con el poder político en la provincia.

Favor a favor

De hecho, Baltar aprovechó la plataforma de la institución para comenzar a tejer una red de apoyos que fue fundamental en su supervivencia al frente de la gestión pública. Una guardia pretoriana de alcaldes, muchos con sus hijos y otros familiares o amigos contratados en la Diputación, guardaban -y guardan- fidelidad al líder. Favor a favor, Baltar ganaba voluntades en el ámbito político y en el ciudadano, en el que también cimentó su éxito gracias a la cercanía y locuacidad que lo caracterizan. Capaz de animar una fiesta trombón en mano, el expresidente suplía su baja estatura con un cajón para estar más alto en los mítines, pero también con un trato de tú a tú con el ciudadano. Ferias o entierros, no faltaba a ningún acto social en Ourense.

Creó, de ese modo, un sistema perfectamente organizado de ciegos respaldos que le garantizó apabullantes victorias en las urnas. Se retiró, de hecho, presumiendo de haber superado la treintena de elecciones ganadas, entre europeas, generales, autonómicas y municipales. Esos éxitos facilitaron los sucesivos gobiernos del PP y Baltar logró rentabilizar su estatus con una importante autonomía. Él, con el beneplácito de Fraga, gozaba del privilegio de nombrar cada cuatro años a un puñado de conselleiros y directores generales.

El expresidente de la Diputación capitalizaba en exclusiva esos resultados porque cortó con mano dura los escasos intentos de rebelión interna y porque él era quien se encargaba de todo a nivel institucional. Él gestionaba cada mínimo trámite en la entidad y recibía en su despacho a todo aquel que llamase a su puerta pidiendo un favor. Por esa sala de la primera planta del Pazo Provincial pasaron probablemente los 104 supuestos enchufados por los que José Luis Baltar será juzgado. El presidente los contrató en fechas próximas al congreso del PP ourensano del 2010 en el que debía sellarse la sucesión a favor de su hijo, que dos años más tarde heredó también la Diputación.

Su última jugada política, dejar el poder político de la provincia en manos de José Manuel Baltar, podría ser la que defina el modo en que será recordado.