La defensa y el ataque


La guerra de Gila era más seria (y, por supuesto, más divertida) que las batallas judiciales que se están librando en el Concello de Ourense. El grupo de gobierno abrió ayer un cajón y, de paso, la caja de Pandora. Porque sí, efectivamente, a estas alturas todavía es posible que salgan más males de la casa desde donde se (des)gobierna Ourense. Llevan días censurando con firmeza las motivaciones de las denuncias con las que la oposición los señala con el dedo. Todo es espurio, oscuro, particular. Ahora recurren al mismo método y no lo hacen de forma casual: eligen una decisión que salpica tanto al Partido Popular como al látigo del minoritario Democracia Ourensana, Pérez Jácome, que en el 2006 ni siquiera soñaba con ser concejal. Usan una «irregularidad» no para limpiar el Concello de Ourense, sino para adecentar su conciencia. El PSOE municipal se ha creído eso de que «no hay mejor defensa que un buen ataque». Lástima que haya olvidado que a quien tienen que defender es a los ourensanos. Y que hayan vuelto a atacar a una institución que se cae a pedazos.

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