La obesidad infantil es un problema de primer orden en salud pública. En nuestro país su prevalencia se ha triplicado, situándose en la cabeza de Europa con cifras cercanas al 20 % y cada vez se incrementan más los casos en primera infancia y edad prepuberal. Entre las causas, no solo hay que valorar el incremento del aporte energético y la disminución de la actividad física, sino también el consumo de alimentos energéticos y productos industriales, muchas veces considerados poco saludables y que paradójicamente son más económicos. En paralelo a este hecho, la crisis socioeconómica que afecta cada vez a más familias españolas está provocando cambios cualitativos y cuantitativos en la alimentación de una buena parte de los niños. Los niños en edad de crecimiento se convierten en la parte de la población más vulnerable y merecen especial atención por parte de la sociedad. Las deficiencias nutricionales que pueden sufrir, se asocian muchas veces a sobrepeso y no difícilmente percibidas por la sociedad.
Las consecuencias en esta etapa de especial sensibilidad provocan déficit de atención y afectan al rendimiento escolar. Hay que estar vigilantes desde la escuela para detectar estos cuadros carenciales y buscar soluciones cuando sean necesarias. El desayuno para el niño es probablemente la comida más importante del día. Si se detectan deficiencias nutricionales, la suplementación en la escuela con un desayuno o media mañana saludable puede y debe ser cada vez más necesaria.