La Pedra de Abalar, en el aire

Patricia Blanco
Patricia blanco CARBALLO / LA VOZ

GALICIA

XESÚS BÚA

Está partida en dos y Patrimonio dice estudiar «a viabilidade dunha posible restauración»

22 feb 2014 . Actualizado a las 14:03 h.

Es una gran mole pétrea de 82 toneladas, un elemento etnográfico e identitario de Muxía que atrae a millones de personas, base del santuario pagano que convive con el religioso (está al lado del templo de la Virxe da Barca) e incluso puede que germen de la localidad. Tiene unos 30 metros de perímetro, una longitud de 8,70 y una anchura de casi 7. Pero la realidad es que la Pedra de Abalar está ahora quebrada y separada en dos y la Dirección Xeral de Patrimonio todavía no ha decidido qué hacer: si repararla para devolverla a su estado original o renunciar al trozo desgajado.

El fragmento desprendido a causa de los últimos temporales que vinieron a rematar la quinta rotura que sufrió el día de Reyes (no llegó a separarse) pesa 1.500 kilos. Anteriormente se había roto por el mismo sitio en 1978, 1987, 1997 y 1998. Fuentes de Patrimonio -el servicio técnico visitó ayer la zona- afirmaron que se está «estudando a viabilidade dunha posible restauración», aunque rehusaron entrar en detalles. «Sei que os técnicos están traballando. Nós estamos preocupados, pero é Patrimonio, porque é competencia exclusiva súa, quen ten que empezar a tomar decisións», cree el alcalde, Félix Porto. La «idea inicial», admite, «é pegala», pero «hai que escoitar posicións». Mientras, seguirá expuesta al tiempo. El mismo que jugó en su contra desde el 6 de enero, cuando quedó partida, pero sujetos los trozos por los hierros, la resina epoxy y las fibras de carbono usadas en la última reparación, en el año 2005.

Hay que valorar dos cuestiones: el arreglo, por un lado, y que esta mole a la que las leyendas atribuyen propiedades adivinativas y fecundadoras pueda volver a hacer eso que le da nombre (abalar), por otro. Para esto último sería imprescindible devolverla a su peculiar punto de contacto y equilibrio con la roca madre (porque los últimos temporales la han desplazado de su sitio), aunque no la esquina rota, encajonada ahora en una grieta. «Es una parte pequeña con respecto al resto», apunta Fernando Martínez, doctor en Caminos de la UDC y director del equipo que la reparó hace ocho años.