La naturaleza es así, como se ha presentado estos días: indomable. No hay tecnologías capaces de amainar los vientos huracanados ni las olas del mar de fondo. Solo sabemos predecir lo que va a ocurrir y cuantificar los datos mediante satélites meteorológicos, boyas medidoras de alturas de las olas, anemómetros electrónicos y programas informáticos. Es una pena que no sepamos diseñar dispositivos que puedan transformar la inmensa energía de los meteoros profundos en otro tipo de energía. Con las olas del mar, la batalla está perdida de antemano. Incluso en estas circunstancias hay que dejar los aerogeneradores en parada técnica, so pena de que se descuajeringuen. Los seres humanos tampoco hemos aprendido a aprovechar de forma eficaz la energía que cada día nos regala el Sol. Solo en la fotosíntesis, en los invernaderos y en las placas fotovoltaicas.