Carmen Beas, herida que perdió a su pareja, escribe sus sensaciones seis meses después
25 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Seis meses de agonía, de recuerdos, de impotencia... han pasado seis meses y es difícil aún creerlo. Cada mañana, al levantarnos, el recuerdo de nuestra pareja, nuestra hermana, nuestro hijo, nuestro padre... Pensar en el modo tan absurdo en que se truncó su vida. Esa vida que ha quedado incompleta. Los momentos tan dulces que le han quedado por vivir, los buenos ratos compartidos que se han quedado en el camino.
Observar que cada pequeño detalle te recuerda a él o a ella. Pensar en lo que disfrutaría viendo a su sobrino dar sus primeros pasos o acudiendo a la boda de su hermano. Obsesionarte pensando en qué se le pasó por la cabeza en ese instante, si sufrió o si todo fue rápido y no se enteró. ¿Cómo puede haber ocurrido algo tan injusto?... ¿Cómo nos ha podido tocar a nosotros?... Pero si el tren es sinónimo de seguridad... Pero si ya habíamos llegado a Santiago... ¿Por qué la vida nos ha querido sorprender con algo tan cruel?... Son preguntas y afirmaciones que nos atormentan día tras día, momento tras momento.
Esas son nuestras heridas emocionales, pero también hay unas heridas físicas que condicionarán el resto de nuestra vida. Aún seguimos pendientes de nuevas intervenciones, dependiendo de prótesis, acudiendo a rehabilitación, asumiendo limitaciones en nuestro movimiento que nos quedarán de por vida, marcados por cicatrices, con dolores que no nos permiten desenvolvernos como antes lo hacíamos...
Y para los demás, todo ha pasado. Todo ha quedado en un desafortunado accidente que poco a poco va pasando al olvido. Los medios de comunicación sectarios y postrados ante una línea editorial marcada por los políticos se encargan de que sea así. La gente olvida fácilmente, piensan que nunca les ocurrirá a ellos. No entienden que esto no es una lucha particular, sino que es una lucha colectiva cuyo resultado repercutirá en todos. Para que no vuelva a ocurrir, para que podamos subirnos a un tren sabiendo que llegaremos a nuestro destino, para que nuestros políticos no puedan anteponer unos intereses económicos por encima de nuestras vidas.
Justicia. Solo pedimos eso. Nuestras vidas se han truncado y hay responsables de ello. Por desgracia, no podemos volver atrás y recuperarlas. Ya se han desintegrado. Tenemos que construir unas nuevas que nos permitan mirar para adelante, con nuestras heridas y sin nuestros seres queridos. Pero, por favor, no nos olvidemos nunca de lo que ha ocurrido, porque si eso ocurre, siempre podrá repetirse. Sigamos peleando por que todo se esclarezca. Porque nos lo merecemos. Porque ellos, los que no están aquí, se lo merecen.