El bancario de Santiago admite que se quedó con cuatro millones

sofía vázquez / i. carballo REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Dice que destinó todo el dinero desviado a pagar deudas de su empresa

25 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Jesús Martínez Iglesias, exempleado de NCG, está acusado de desviar desde cuentas de instituciones oficiales, entre ellas la Xunta de Galicia y la Universidade de Santiago, de empresas y de doce particulares 5,9 millones de euros. Sin embargo, solo reconoce que se llevó «entre 4 y 4,5 millones».

De acuerdo con su versión, Martínez Iglesias trabajaba en Caixa Galicia y a la vez tenía la empresa de carpintería Martínez Cebreiro S.?L., de la que era administrador y que era dirigida por familiares directos del imputado. Su objeto social era la fabricación de mobiliario, sobre todo de cocina, y también contaba con un establecimiento de venta de esa producción, así como de electrodomésticos, en un local de su propiedad en O Milladoiro (Ames). La empresa llegó a tener en nómina más de medio centenar de trabajadores, pero con el estallido de la burbuja inmobiliaria se quedó atrapada en medio de unas deudas que se dispararon entre los años 2008 y 2011. Es por este motivo, según fuentes próximas al imputado, por lo que no aparece el dinero que se fue por ese agujero sin fondo. Según el acusado, no hubo más destino para las cantidades que desvió a cuentas de su titularidad que su propia empresa. No tiene capital en el extranjero -sus viajes a Perú, que fueron investigados, no tienen relación con la estafa- ni otras propiedades que las entregadas para resarcir parte de los daños causados.

No obstante, la operativa de Martínez Iglesias para el desvío de fondos comenzó en el 2003 y se prolongó hasta el 2011. Es precisamente poco tiempo después, concretamente dos meses, cuando se destapó el escándalo que afectó a la Xunta, a la Universidade de Santiago, a la Comisión Interuniversitaria de Galicia (entre estas tres instituciones el desvío fue de cinco millones de euros), a distintos proveedores y acreedores (332.000 euros) y a doce clientes particulares (580.000 euros).

¿Por qué se conoció en ese momento? Porque la operativa que utilizaba era compleja y tuvo que irse de la entidad para que saltara el escándalo. Hasta entonces, apenas salía de la oficina donde él tenía el control de una cuenta única, en donde se depositaban todos los intereses de las cuentas de la Xunta, por ejemplo, que luego eran traspasados pero en un solo pago. Es en ese momento del traspaso, según consta en la información dada ante el juez, cuando el acusado desvía dinero. O también cuando debe de hacer abonos a empresas proveedoras de las diferentes Administraciones afectadas. En el caso de los particulares (doce) la casuística es diferente, ya que le dan el dinero en mano y él les entrega «boletas» falsas de la entidad financiera que conformaban un ingreso falso.

El imputado llevaba trabajando en la caja unos cuarenta años. Había obtenido una confianza total de sus superiores y cuando cometió la presunta estafa desempeñaba el cargo de apoderado de la oficina de organismos, en la sede central de NCG en Santiago. Salió de la entidad acogiéndose a uno de los procesos de prejubilación abiertos, y luego, una vez que se conoció el desvío de fondos, fue despedido.

En estos momentos, Jesús Martínez Iglesias, que está en libertad con prohibición de salir de España, se encuentra moralmente deshecho, según su abogado. Sus propiedades -una casa adosada en Teo y el bajo comercial y una plaza de garaje en O Milladoiro- le han sido embargadas o están en proceso de ejecución. Sus ingresos son los 800 euros que cobra por el seguro de desempleo y los 1.200 del sueldo de su mujer. NCG resarció a los afectados por el fraude y difícilmente podrá recuperar el dinero.