Apenas unos días después de su victoria contra un esparrin (los partidos hacen cosas que no se creen ni ellos, todo por aparentar), a Besteiro se le preguntó por la incompatibilidad de cargos de Carmela Silva, diputada y concejala viguesa. La respuesta fue que se trataba de un asunto interno y por lo tanto se resolvería en privado... En los siguientes ciento y pico días, hasta hoy, Besteiro ha vuelto a utilizar la misma muletilla al menos en otras tres ocasiones. Lo hizo cuando un socialista denunció a otro (este, nada menos que alcalde de Vigo, la ciudad más grande de Galicia) por una orgía de presunto enchufismo en su concello. Ni se inmutó Besteiro. Eran asuntos internos. Lo volvió a hacer cuando se le preguntó por la gravísima denuncia de un guardia del Parlamento contra una diputada, a la que este acusó de intentar atropellarlo. Besteiro se multiplicó por cero. Se trataba de asuntos internos. Y lo ha vuelto a hacer una, dos, tres y cuatro veces, él o por persona interpuesta, llegada la hora de zanjar la crisis del PSOE de Ourense, un fuego prendido y avivado presuntamente por Pachi Vázquez, según consta a todo el mundo menos, parece, al mismísimo Besteiro. De esos polvos llegan ahora estos lodos: el PSdeG decide al fin meter mano, aunque no precisamente de hierro, en la capital ourensana, donde un grupo de concejales llevan una temporada larga poniéndole la zancadilla al alcalde. La dirección del partido ha decidido tomar medidas... en cuanto vuelva a repetirse. Resultado: en lugar de echarse a temblar, a los ediles críticos les ha entrado la risa. Lo cual es un problema, para Besteiro y para el partido llamado (por ahora solo por el PSdeG, claro, y no por todo el PSdeG) a liderar la política gallega en un futuro más o menos próximo.