Mientras en Monforte de Lemos festejan el 76254, en el Parlamento (¡cerrado por vacaciones!), o sea, extramuros, se discute (en ruedas de prensa, en plan No me chilles que no te veo) sobre el número de diputados que tiene que haber en O Hórreo. En el PP, padre de la idea, cuentan que es para dar ejemplo al mundo sobre cómo apretarse el cinturón, pero el argumento es poco creíble porque ahí siguen los 150 asesores a los que religiosamente paga la Xunta o, por poner otros dos ejemplos, el dinero que se gasta en las delegaciones provinciales del Gobierno gallego (nadie sabe para qué sirven), o en los fondos que mantienen criogenizado el Gaiás (este año, 10,4 millones de euros, el doble de lo que se ahorra con la rebaja de parlamentarios anunciada). Frente al demagógico plan de austeridad que esgrimen los populares para justificar la rebaja, la oposición dice que reducir el número de diputados es reducir (y aquí viene también su dosis de demagogia) democracia. Esto lo dicen hasta en AGE, donde también dicen que el Parlamento no vale para nada... La guerra de los números de O Hórreo ha servido para tapar sus numeritos: diputados (que disfrutan de exenciones fiscales) en su puesto de ¿trabajo? contratando hoteles para las vacaciones, parlamentarios denunciados por presuntamente intentar atropellar a un guardia, parlamentarios (ya ex) que quieren trabajar por Galicia desde Dinamarca... Entonces surge la pregunta: ¿Importa el número? Debería importar. ¿Importa a qué se dedica un parlamentario? Debería importar, pero a este paso, si siguen con este número, dejará de hacerlo. Moraleja: consensúen (es necesario) el número de diputados y céntrense en la increíble labor que tienen por delante. Se resume en una palabra: Galicia, que ya no está para más numeritos.