Años perdidos

Carlos F. Coto ARQUITECTO

GALICIA

Ala sangría demográfica gallega hay que buscarle urgente solución por ser uno de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad. El primer culpable que se nos ocurre es la situación económica que vivimos: sin trabajo no es posible sacar una familia adelante. Sin embargo este país ya vivió situaciones económicas difíciles y, sin embargo, la pirámide de la población se mantuvo en la normalidad y la natalidad no se veía afectada por la falta de recursos: miles de familias pobres fueron, en cambio, numerosas.

Otras razones son las que han cambiado y ha de pasar algún tiempo, quizás varias generaciones, hasta recuperar la normalidad, aunque esta lo sea con una población inferior a otras épocas. Hubo, y sigue habiendo, un cambio de criterios y prioridades en nuestra sociedad. La familia, el sacrificio y la responsabilidad eran valores fundamentales que se fueron transmitiendo de generación en generación.

Desde hace algún tiempo han nacido otras prioridades, como la formación, la competitividad o el ocio por encima del resto. Es, realmente, una visión más egoísta, en la búsqueda del éxito personal y del goce de la vida, así como de la espera a edades límite para la maternidad, una vez conseguido un buen puesto de trabajo. Ello implica renunciar a independizarse, a asignar los recursos al fin de buscar la felicidad en el apartado de ocio en vez de consignarlos a la formación de una nueva familia.

Han de pasar, pues, varias generaciones hasta conseguir el equilibrio, seguramente otro equilibrio distinto al que conocemos, si es que es posible. Son años de adaptación de una sociedad basada en la familia tradicional a una distinta, cuya definición desconocemos o es difícil de definir. Mientras tanto, las alarmas demográficas saltarán de forma periódica, con reajustes permanentes de las variables de jubilación y de cotización.

Otro gran problema estructural cuyas consecuencias son demográficas es el de la transformación de los sectores de la producción: el sector primario prácticamente abandonado, la industria en decadencia, jóvenes formados que huyen a otros países, y el sector servicios como absorbente del empleo.

La recuperación de un modelo parecido al anterior es imprescindible para buscar el equilibrio territorial y demográfico. No sé si tanto cambio será posible.