Rosario ejerce de abogada en prisión

La Voz ALBERTO MAHÍA

GALICIA

Más de la mitad de las llamadas que hace las emplea en hablar con abogados para echar una mano a sus compañeras de módulo

23 nov 2013 . Actualizado a las 14:11 h.

Pronto se sabrá si Alfonso Basterra es ese ese gran escritor que siempre quiso ser. Pese a ser hombre de letras y preso, no es un libro de caballerías lo que escribe desde su celda, sino uno autobiográfico. Se desnuda en el papel, cuenta sus vivencias en prisión, que son escasas, sus temores, sus fobias y sus sentimientos. Mientras, su ex mujer, Rosario Porto, con la que no se habla desde que entraron en el centro penitenciario de Teixeiro, ha vuelto a ejercer de abogada. Sin toga, pero siempre dispuesta a ayudar a toda compañera que le pide ayuda legal. Sin ser penalista y dos años después de abandonar la profesión, hace lo que puede. Y lo único que puede es orientar y hacer llamadas. Es tal su dedicación, que de las diez llamadas de cinco minutos cada una a las que tiene derecho a la semana, más de la mitad las emplea en comunicarse con abogados que puedan echar una mano a sus compañeras de módulo. Eso le granjeó grandes amistades. Ya no es aquella Rosario del principio, a la que las presas reprendían, a la que algunas llamaban «la diabólica», de la que se celaban porque entendían que gozaba de privilegios que a ellas le eran ajenos. Hoy ya no. De hecho, la semana pasada cuando una reclusa abandonaba la prisión de Teixeiro y se cruzó con los periodistas que aguardaban la salida de un etarra, se acercó a ellos para reprenderlos, para decirles lo malos que eran por tratar así a una inocente, «a una buena persona». Antes de irse, dijo: «A ver si os enteráis que las niñas, a esas edades, toman cosas raras sin tener que dárselas los padres».

En cuanto a Basterra, vive y duerme en pijama. Se pasa el día en la celda -continúa en el módulo de ingresos- escribiendo su libro. Apenas se relaciona con el resto de reclusos. Y cuando lo hace, siempre es muy correcto. Pero no busca amistades.

Ella sí. De hecho, ya las tiene y muy buenas. Si al principio andaba por prisión a veces como alma en pena y otras de fiesta y a risas, ahora cuentan fuentes del centro penitenciario que está mucho más centrada e involucrada en el día a día de la prisión.

¿Cómo se tomó el periodista Alfonso Basterra el levantamiento del secreto de sumario? Cuentan que bien, que tras recibir ayer la visita de su abogada con las novedades, le ha cambiado el semblante, pues queda demostrado, según confesó a un funcionario, que no hay prueba concluyente contra él. De hecho, su letrada prepara ya la petición de excarcelación y tiene esperanza de tomar el turrón en la calle.

Sobre cómo le ha sentado a Rosario porto el levantamiento del sumario, su abogado, José Luis Gutiérrez Aranguren, dice que sigue tan tranquila en cuanto a su inocencia como el primer día. Para ella, como para su letrado, el sumario no son más que especulaciones.

No fueron personas criadas para estar en prisión. Ni se les imagina de visita siquiera. Se les nota a leguas. Pero ahora que son cautivos, ya se adaptaron.

Rosario Porto se codeó desde la cuna con personas que presumen de intachables. Seguramente, antes de ingresar en la prisión de Teixeiro, no cruzó palabra con ese otro mundo que ahora conoció. De pronto, la madre de Asunta se vio obligada a compartir su espacio con otras mujeres condenadas por hechos casi igual de graves que el que le imputan a ella. En el módulo de mujeres del centro penitenciario de Teixeiro se ve, por ejemplo, con la etarra que participó en la muerte de Miguel Ángel Blanco, con la descuartizadora de Betanzos, con la autora del crimen de la mancuerna -aquella mujer que mató a su marido en A Coruña tras años de sufrir malos tratos-, o con la vecina de esta última que dejó sin vida a dos mujeres que volvían de la compra para robarles.