Besteiro cierra el círculo en torno a Feijoo

Domingos Sampedro
domingos sampedro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

El líder del PSdeG completa con Beiras y Díaz la ronda de contactos con la oposición antes de su primera cita con el presidente gallego

10 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Con las dos reuniones que mantendrá esta semana por separado con Xosé Manuel Beiras y con Yolanda Díaz, los dos referentes políticos de la coalición Alternativa Galega de Esquerda (AGE), el líder de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro, habrá completado la ronda de contactos con todas las fuerzas políticas de la oposición, los principales sindicatos y las plataformas cívicas de cabecera del PSdeG. Y como poco, la agenda desplegada le debería servir para extraer los denominadores comunes de la dispersa familia de la izquierda, al objeto de vertebrar un discurso común y erigirse en su portavoz más autorizado en la cita que le aguarda el próximo viernes con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo.

De un modo nada inocente, Besteiro ha optado por verse personalmente con todos aquellos que están enfrente del PP y de sus políticas antes de hacerlo con el propio Feijoo. La cuestión, entre los populares, despierta no pocas suspicacias, pues no falta quien interprete que, en apariencia, la intención del dirigente socialista parece estar más orientada a construir un cinturón sanitario en torno al Gobierno de la Xunta que en abrir un nuevo espacio para el diálogo político. Besteiro ya se curó en salud hace unos días al advertir no aventuraba «grandes pactos» en la primera reunión con el líder del PPdeG, aunque su propósito era el de acudir al encuentro con «una actitud constructiva».

En los 32 años de historia política autonómica se ha visto casi de todo. Hubo momentos complicados en los que el Ejecutivo, como le ocurrió alguna vez a Albor, se vio abocado a negociar cada asunto a golpe de billetera, pues la rutinaria tramitación de los presupuestos se podía convertir en un infierno capaz de calcinar políticamente a cualquiera. Y hubo también períodos, especialmente con las sucesivas mayorías de Fraga, que hicieron invernar a la oposición, reservándole el papel de mero florero y, como mucho, el derecho al pataleo.

Con Feijoo, ni frío ni calor. Pero no hay que olvidar que la fortaleza que le dan los 41 escaños se parece mucho más a la situación vivida por aquel Fraga impertérrito ante la izquierda que a la de un Albor cuyo destino político parecía pender siempre de un hilo de seda.

Quizás la principal diferencia con lo visto hasta ahora es que el diálogo político, en un contexto de crisis persistente, es necesario tanto para Gobierno como para el principal partido de la oposición. Para el PP, porque necesita compartir la carga de algunas de las decisiones que más desgaste le producen. Para el PSdeG, porque necesita significarse como el referente de la oposición llamado a gobernar algún día, especialmente ahora que AGE le deja el terreno libre al quebrársele el discurso idealista con el que llegó al Parlamento debido a la crisis interna que se le abrió para resolver la sustitución del escaño que Fernández Calviño se llevó a Dinamarca.

Ahora bien, el hecho de que los focos en la oposición se sitúen por primera vez en el último año sobre AGE y no sobre las luchas intestinas que tanto desangraron a PSdeG y Bloque, no significa que Besteiro haya pacificado el partido de puertas adentro y tenga carta blanca para lanzarse de cabeza a firmar acuerdos con Feijoo. En su grupo, sin ir más lejos, todavía hay un nutrido grupo de diputados que entienden que lo único que puede conseguir del líder socialista del diálogo con el presidente del PPdeG es acabar destripado en cualquier momento.

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