Como si de un fetiche se tratara, el lugar de A Carballa está en la cabeza de los incendiarios, que cada verano regresan a este núcleo del entorno de Ribeira para plantar fuego sobre lo quemado doce meses antes. Este escenario se repite desde hace diez años, verano tras verano. La semana pasada, los incendiarios volvieron a las andadas. Cinco focos, que también afectaron al lugar de A Conlleira -igual que ayer-, hicieron que surgiese nuevamente la gran pregunta: «¿Por qué arde A Carballa y su entorno?». Las respuestas están relacionadas entre sí y giran sobre hipótesis que los servicios de emergencias municipales de la zona han ido tejiendo en este tiempo.
El hecho de que sea un lugar muy visible por su cercanía a la autovía puede ser una posible causa de la reincidencia. Los autores buscan notoriedad «y aquí la tienen», decía la semana pasada un trabajador con décadas de experiencia en la extinción de incendios en Barbanza.
Otra hipótesis incide más en las múltiples opciones que tienen los autores de este delito medioambiental para escapar del lugar, sobre todo por la noche. «Moldes, Ribeira, Oleiros, Palmeira... cualquier dirección es buena para darse a la fuga una vez hecha la fechoría», señala un veterano operario de un servicio de emergencias comarcal. La Policía Nacional, que cuenta con una comisaría en la principal población del lado norte de la ría de Arousa, señalaba como posible causa de la predilección que sienten los incendiarios hacia esta zona el hecho de que «aún hay bastantes terrenos de cultivo que están intactos, y esto los seduce mucho».
Lo más curioso de la situación que se vive en A Carballa y A Conlleira es que, ya la semana pasada, cuando se apagaron los cinco focos en esta zona, todos los profesionales que participaron en su extinción -los mismos que aportan estas versiones- aseguraron que era cuestión de días que los incendiarios volviesen a actuar, sobre todo cuando apareciese el nordeste. Dicho y hecho.