Beiras calma las aguas de Anova

Su indiscutible liderazgo tapa por el momento las grietas surgidas en la asamblea de un proyecto político que no ha cumplido un año de vida

Beiras, el pasado sábado, departiendo con Martiño Noriega, crítico con las tesis oficiales.
Beiras, el pasado sábado, departiendo con Martiño Noriega, crítico con las tesis oficiales.

santiago / la voz

Con el viento de los votos de cara, las organizaciones políticas acostumbran a vivir en paz. Pero Anova, el proyecto político urdido por el Encontro Irmandiño de Beiras tras su salida del BNG, nacido contracorriente, alimentado por la desafección ciudadana, también se sale aquí de la regla. Contra todo pronóstico, sin haber cumplido un año de vida, la primera asamblea nacional ha concluido con Beiras como pacificador y como indiscutible elemento de nexo entre dos polos gracias a la fortaleza de su liderazgo.

Anova encara su futuro con la libertad para elegir el socio electoral que más le convenga en cada cita, como querían Beiras y una parte del Encontro Irmandiño, pero el proyecto político quizás salga de su primera asamblea con más incertidumbres que certezas. Las tensiones que Beiras atribuyó el sábado al choque de dos culturas políticas, al hecho de que no haya un aparato que cocina previamente un resultado, responden también a luchas de poder en una organización y a diferencias ideológicas de fondo donde se enfrentan dos variables: la cuestión nacional y la coordenada izquierda-derecha.

Mientras Beiras y su núcleo más cercano -con dos históricos como Mario López Rico y Luis Eyré- anteponen la soberanía de Anova para tejer alianzas y se niegan a firmarle un cheque en blanco Esquerda Unida (EU) con la consolidación de AGE, un sector no precisamente minoritario piensa justo lo contrario.

Ahí se encuadraría la Frente Popular Galega, una fuerza curiosamente independentista, militantes no adscritos y, lo más importante, un grupo de irmandiños nucleados por Martiño Noriega, alcalde de Teo, que se ha distinguido en esta asamblea por dar una batalla que ha dejado Anova partida en dos bloques, aunque a la vista de los resultados no parezcan dos mitades exactamente iguales. En la dirección saliente de la primera asamblea, formada por 75 miembros, Martiño Noriega y la FPG se aseguran un respaldo considerable, pero no la mayoría.

Llegados a este punto, la gestión que haga Beiras y su grupo de estos equilibrios se antoja determinante para garantizar la estabilidad interna de Anova. Una condición deseable para toda fuerza política, pero que visto lo ocurrido el fin de semana, dependerá también del papel que desee jugar Martiño Noriega, quien se enfrenta a un dilema: tender puentes para garantizar la cohesión interna de Anova o seguir desempeñando el rol de oposición al grupo más cercano a Beiras y que dirige el Encontro Irmandiño.

Un segundo escenario que abocaría al proyecto a una tesitura de difícil gestión, porque Noriega no es un militante más. Es quien más apoyos recibió para la dirección de Anova. Y la segunda persona con más proyección pública después de Beiras, el referente de una alternativa que evidencia una realidad: lo más difícil no es arrancar un proyecto, es consolidarlo.

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