E l PSOE, que tiene 3 de los 22 ediles de ambos concellos, insistía ayer en la fractura social que se respira en Oza y Cesuras por una fusión que no se había consultado con los vecinos. Los nacionalistas hablaban también de la gran oposición vecinal a un proyecto que el PP cree que cuenta justo con todo lo contrario.
Y mientras los partidos van a los suyo, manteniendo la tensión, los vecinos de Oza lo viven de otra manera. A media tarde en el bar O Argallante, en Oza, triunfa el relax. Los parroquianos toman café completamente ajenos a eso que se cuece a otras alturas y que dicen que les cambiará la vida. «Pois acábome de enterar de que xa se uniron», dice, en el bar, Maricarmen Velo, muy sorprendida porque alguien pregunte su opinión sobre un tema que desconoce.
Ya metida en harina, parece decantarse por la hermandad: «Supoño que será para mellorar, porque aquí hai zonas bastante abandonadas», dice, al tiempo que muestra su sorpresa «porque co pobo non se consultou». Escora hacia el sí porque en Oza, apunta, «poucos servizos temos, nin os mínimos, nin bus, nin taxi...», por lo que entiende que empeorar va a ser difícil y que si el movimiento político «vale para mellorar», pues bien hecho está.
En el resto del local tampoco parecen muy estresados. La trascendencia de esa unión municipal no tiene mucha pinta de encontrar eco en unas casas en las que los vecinos se preocupan de otras cosas. De hecho, el tema no despierta demasiado interés entre los clientes del local. En otros puntos del municipio sí saben de la fusión, pero tampoco parece molestar que se haga o que se deje de hacer. Al fin y al cabo, todos tienen muy claro que pagar, seguirán pagando la contribución y lo que les toque, y regalar, seguirán sin regalarles nada.
En el municipio de Oza y en el de Cesuras el fútbol podrá llenar los bares, pero la fusión parece que levanta menos pasiones. El coche hay que cogerlo igual para hacer gestiones y hasta a algún vecino le quedará más cerca el Ayuntamiento de al lado. Uno que no quiere dar su nombre, socarrón, tiene claro el cambio que supondrá en su vida: «Nun concello ou en dous, pobres imos ser igual».