Tania es una joven coruñesa que ofrece una habitación de su apartamento. Tiene un perfil en una página de Internet en el que explica dónde está su casa, quién es ella, quién su mascota y cuánto cuesta dormir en su casa: 20 euros. «El dinero, en realidad, no es el objetivo. Más bien es una forma de conocer gente y de pagar algún recibo». La habitación de Tania está junto a otras muchas en páginas de Internet especializadas en este tipo de turismo, donde el cliente contacta directamente con particulares para alquilar un apartamento, una casa o simplemente una habitación.
Esta forma de alojamiento es todavía poco relevante, pero de impacto creciente y la crisis se ha convertido en un acicate más para participar: «Cuando puse mi casa en Internet estaba en el paro. Ahora ya no, pero me parece una experiencia muy enriquecedora».
¿Qué parte de la oferta turística es irregular? Nadie se atreve a hacer un cálculo, pero el responsable de los hosteleros de Sanxenxo, Francisco González, hace una reflexión: «Aquí, en verano, llegamos a las cien mil personas. Hay 14.400 plazas hoteleras legalizadas, más 17.000 personas censadas. Pongamos que hay 25.000 personas en tránsito. El resto, o tienen piso en Sanxenxo, o están alojados de forma irregular». Ese resto es lo suficientemente numeroso como para reflexionar sobre la dimensión que el problema tiene en esa zona.