Sueños en la eurorregión

GALICIA

Había una vez un país con un aeropuerto en su capital, al que se podía acceder desde las grandes áreas urbanas del norte y del sur en un tren de altas prestaciones del eje atlántico y en media hora. Cuando se diseñó ese moderno corredor ferroviario se pensó en esta crucial intermodalidad con el aeropuerto central. Así, tenía masa crítica para atraer compañías, rutas y operadoras, sin necesidad de que los que no viajaban en avión pagasen parte del billete de los que sí lo hacían. Todos, usuarios y no usuarios, ganaban.

En ese aeropuerto no se habían realizado ampliaciones que no estuviesen justificadas por estimaciones de demanda. Máxime cuando todos sabían que en el entorno de la eurorregión transfronteriza de la que formaban parte existía otro aeropuerto internacional que servía a un área de mercado mayor. Y que estaba a una hora de trayecto para muchos posibles usuarios.

Ese país tenía empresas que competían en la economía global y que, además de pasajeros, demandaban una infraestructura aérea para mercancías de alto valor añadido (no solo confección) que permitiese situar sus productos en cualquier punto con los mínimos transbordos. Tenían amplias terminales de carga, modernas e intermodales, para evitar deslocalizaciones en la eurorregión y facilitar la localización de áreas logísticas asociadas a las necesidades de grandes y medianas empresas. Cualquier parecido de ese país con Galicia es mera coincidencia.