A bordo de un helicóptero Cougar, recorremos los 100 kilómetros que separan las bases españolas en el país
24 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El área geográfica que cubre la Brilat en Afganistán muda su color de estación en estación. El blanco del invierno ha dado paso al verde de la primavera, mientras que los tonos áridos propios de la sequía son los que predominarán en verano y otoño. Es algo que se percibe nada más iniciar el vuelo en uno de los Cougar que se emplean para desplazarse desde la base de Herat a la de Qala-i-Naw. Son algo más de cien kilómetros que, por carretera, se tardarían horas -lo mínimo unas siete y media- en cubrir.
Tras dejar atrás Herat, a los pies de la aeronave empieza a fluir la vida vegetal. Rebaños de ganado -el cordero, junto con el arroz, son la base de la alimentación- recorren las colinas que los helicópteros sobrevuelan a gran velocidad. En el interior del Cougar, el máximo responsable del contingente de la Brilat, el coronel Fernando García González-Valerio, permanece tranquilo. No así los dos tiradores que lo acompañan. En ellos se percibe, pese a no existir peligro evidente, la concentración propia de quien está en alerta ante cualquier posible movimiento. El Cougar está equipado en sus laterales con ametralladoras de calibre medio, potencia de fuego más que suficiente para hacer frente a las armas que suele emplear la insurgencia.
En Herat y Bagdhis este riesgo cobra la forma ya no de integristas talibanes (se estima que tienen una mayor presencia en otras áreas geográficas), sino de pillaje y narcotráfico. Fuentes oficiales a nivel internacional sostienen que Herat será una de las provincias donde más se incrementará el cultivo de amapola, el vegetal precursor de la heroína. La percepción que se tiene en el Ministerio de Defensa va en la misma línea.
Y mientras esta es la realidad que afrontan diariamente los soldados de la Brilat, el Cougar se aproxima a Qala-i-Naw. A medida que avanza, el recuerdo del accidente que costó la vida a una docena de infantes de la Brilat y a cinco militares sevillanos es inevitable. Todos lo tienen presente pese a que han pasado casi ocho años.