La madre de los mellizos asesinados en A Coruña: «Querían mucho a Javier, le llamaban papuchi»

a. mahía A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Mar Longueira negó ante el tribunal que los niños fuesen maltratados. Asegura que «los niños eran muy revoltosos. Se quejaban de ellos en el colegio o en el parque»

06 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Mar Longueira se mostró ante el tribunal que la juzga por ocho delitos de lesiones y malos tratos habituales como una buena madre que luchaba por rehacer su vida. De todo lo que dijeron de ella amistades, vecinos y canguros, nada de nada. Lo negó todo. No es cierto, según ella, que le pegase a los niños, que una vez tirase a uno de ellos por las escaleras o que les dijese día sí, día también, que no los quería. Dibujó una convivencia «tranquila» en aquel piso. Sí es cierto que los niños eran revoltosos, que se quejaban de ellos en el colegio, pero lo único que hicieron, ella y su pareja, fue intentar reconducirlos. Pero no a golpes ni a insultos, como sostiene la Fiscalía y algunos de los allegados a la pareja. Recordó que «ningún médico» que los atendió en aquellas fechas, varias veces porque tenían asma, vio una herida o un moratón. No existe, según se esforzó su defensa en aclarar, ni un solo parte, documento o denuncia que refiera una lesión.

Y en cuanto a las declaraciones de testigos, acusándola de agresiones a sus hijos, de querer internarlos en un centro o de mirar hacia otro lado cuando veía a su exnovio pegándoles, ella negó una por una todas esas «falsedades». Incluso dijo de Javier Estrada que «quería mucho a los niños, y estos lo querían a él. Le llamaban papuchi».

Ella atribuye las acusaciones de los testigos a sus desencuentros con algunos. De una de las canguros que se ocupó de los pequeños y que luego la acusó de maltratar a los críos, dijo que la chica discrepaba sobre el pago de los servicios. Tampoco habló bien del colegio de los niños. Y que si hubo algún funcionario del Ayuntamiento o de la Xunta que llegó a declarar que los quería internar, ella lo niega: «Solo pedía ayuda. Un psicólogo o una atención para mejorar el carácter de los niños».

Explicó que la conducta de los niños, sobre todo la de Alejandro, que tenía problemas, los «desbordaba», pero hicieron lo imposible por pedir ayuda y educarlos. Principalmente su pareja, que no trabajaba y se quedaba a su cuidado. Pero sin pegarles, dijo.

Preguntada si es cierto que cuando su pareja la abandonaba ella lo llamaba prometiéndole que si regresaba a casa internaría a los niños, lo negó con rotundidad.