González Laxe estrenó el primer móvil de Galicia hace 25 años: «Era enorme y no muy cómodo»

El expresidente de la Xunta recuerda que el dispositivo «no era inalámbrico, el auricular llevaba cable»


redacción / la voz

El primer teléfono móvil de la historia -el Motorola DynaTAC 8000X, el ladrillo de casi un kilo de peso y apenas una hora de batería que usaba el magnate Gordon Gekko en la película Wall Street- aterrizó en EE.UU. allá por 1984. El primero que llegó a Galicia lo hizo cuatro años después y no era portátil. Dadas sus dimensiones ciclópeas, se instaló en un coche: el Citroën del presidente de la Xunta, que en 1988 era el socialista Fernando González Laxe. «Era un artefacto con un tamaño enorme y no muy cómodo, iba en un maletín como una carcasa de un vídeo de los de antes. Primero lo colocaron en el medio del asiento trasero, pero como molestaba bastante se puso al lado del asiento del conductor. Y no era inalámbrico, el auricular llevaba cable», recuerda González Laxe de aquel móvil, que la Xunta, al parecer, no ha conservado.

La Compañía Telefónica Nacional de España, la actual Telefónica, quería implantar este servicio en Galicia, con una orografía compleja. El vehículo oficial del jefe del Ejecutivo autónomo, y después los de los 13 conselleiros, servirían de avanzadilla. «Fue un poco como un experimento, hicimos de conejos de indias. Telefónica estaba desarrollando esa tecnología y estudiando el mapa de cobertura aquí. Aquellos teléfonos en los coches oficiales sirvieron para comprobar, por ejemplo, que en el mundo rural eran imprescindibles los repetidores de telefonía móvil», explica el también catedrático de Economía Aplicada.

Aunque no conserva en su memoria el nombre del modelo de aquel teléfono, sí recuerda a quién hizo su primera llamada con él. «No se me ocurrió llamar al rey ni al presidente del Gobierno, yo era más operativo. Llamé a la secretaria para ver si funcionaba, si me oía bien», cuenta González Laxe. La cobertura con aquel móvil, de hecho, solo era aceptable en las grandes ciudades. «Durante el trayecto por la autopista [la AP-9] se iba perdiendo y la recuperabas cuando había un valle muy grande», comenta. «Ahora eso solo pasa a veces», se ríe. El coche oficial, cuenta, se convirtió en una especie de cabina. «Como la de Mercero y José Luis López Vázquez», bromea. Pero no pública. «Se marchaba el conductor y yo me quedaba en el vehículo haciendo las gestiones que hubiese que hacer por el teléfono», añade el expresidente.

Aunque no todo eran inconvenientes. Aquel pesado e incómodo móvil también permitía cierta autonomía a la hora de hablar -más allá del despacho- y, sobre todo, resolvía el problema de localización y de comunicación entre los miembros del Gobierno gallego, algunos de ellos, por cierto, algo reticentes a incorporar la nueva tecnología a su actividad diaria. «Hace 25 años pasaba como ahora. Entre los conselleiros de más edad, el porcentaje de aversión al cambio era mayor. Eso de marcar, esperar a la señal, mirar las barritas para ver si había cobertura, el retorno de la voz... A eso no estábamos acostumbrados. ¡Y qué sustos te llevabas al principio en el coche cuando sonaba!», dice González Laxe.

1,8 millones de gallegos

Hoy, sin embargo, la vida casi no se entiende sin el teléfono móvil. Según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), 1.831.708 gallegos lo usan. De ellos, más de 58.000 tienen entre 5 y 14 años. Pero son datos de la encuesta de condiciones de vida del 2008. El INE (Instituto Nacional de Estadística) ha cifrado en 1.885.252 las personas entre 16 y 74 años que utilizaron un móvil en la comunidad en los últimos tres meses del 2012. Suponen el 92 % de la población en esa franja de edad. Así, las viviendas de Galicia en las que hay al menos un teléfono móvil son ya el 94,7 % del total, y en un 20 % de ellas solo se utiliza ya este tipo de teléfono.

Por su parte, los hogares con líneas fijas suponen ahora el 78,6 %. En el 2004, en cambio, llegaban al 90 %. En 1988 los teléfonos fijos eran mayoría absoluta. Ese año, curiosamente, González Laxe también inauguró el teléfono público número mil de la provincia de A Coruña. Fue en Sestelo, en la parroquia de Rarís, municipio de Teo. La línea se estrenó con una conferencia al domicilio de Constante Regueiro, un emigrante en Venezuela. «Llamé, lo saludé y le pasé con su familia», recuerda el expresidente.

Ahora, un cuarto de siglo después, González Laxe lleva dos móviles encima, uno un iPhone de última generación. «No tengo Facebook ni Twitter, pero consulto el correo, entro en Internet, envío imágenes... Me da la sensación de que ya no puedo trabajar sin él, es imprescindible», admite. «Quizá acabaremos todos como en aquellos cómics de hace 30 años, con toda la tecnología metida en un simple reloj. Es una locura».

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