El Concello cierra el acceso a una manzana por riesgo de desplome
06 feb 2013 . Actualizado a las 13:11 h.Lleva los 54 años de su vida en Ferrol Vello, el barrio marinero que permitió nacer a la ciudad naval. Tiempo de sobra para ver el declive de una zona que cada día hace más honor a su nombre. «Esta calle tenía pastelería, zapatería, dos tiendas de ropa, carnicería, mercería, estanco...». Maite Fernández, convertida en presidenta de los vecinos, rememora la calle Carmen Curuxeiras de hace décadas, hoy prácticamente deshabitada y transformada en ruinas que recuerdan a un escenario de guerra.
Desde ayer permanece blindada al paso para evitar que los cascotes caigan sobre la cabeza de algún incauto viandante. Las endebles vallas policiales colocadas hace semanas, cuando se produjeron desprendimientos importantes, fueron sustituidas por vallas fijas de obra, imposibles de burlar para coches y peatones. La manzana central de esta calle del barrio histórico de Ferrol permanecerá así, cerrada a cal y canto, hasta que se proceda al derribo, al menos, de las construcciones más peligrosas.
Cuestión de seguridad
Los vecinos se debaten entre la necesidad y la nostalgia. La premura de que la piqueta garantice la seguridad se enfrenta al recuerdo de un barrio lleno de historia cuya traza, origen y ubicación lo hicieron merecedor en el 2011 de la declaración de bien de interés cultural. «Non vale para nada todo isto», decía hace unos días Zalo, un jubilado de la construcción y uno de los pocos vecinos que aún tiene su domicilio en esa calle. «Mellor é tirar con todo», añadía. Para Rafa Otero, residente de la paralela Benito Vicetto, calle también acordonada provisionalmente tras un derrumbe en una casa en ruinas hace diez días, «hai que aproveitar o que se poda». Mientras, Maite exige determinación para garantizar la seguridad: «Tienen que tomar una decisión y demoler ya», pide al Concello. Teme los vientos que se anuncian para hoy. Y los que vendrán. «Va a ser un efecto dominó», augura, en el que las fichas serán las paredes medianeras. Con parte de sus calles cortadas, los vecinos piden ahora alternativas de paso y el Concello promete un plan para la mejora del tráfico rodado.
El barrio donde nació Ferrol cuenta con más de 200 viviendas desocupadas -cuatro de cada diez- y en él habitan unas 2.000 personas, el 3 % de la población ferrolana. Su abandono, gobierno tras gobierno, se intenta combatir ahora desde el Ayuntamiento con la redacción de un plan especial que no verá la luz hasta el 2014. Y multas de hasta 6.000 euros a los propietarios que no arreglen sus viviendas y desobedezcan las sucesivas órdenes de ejecución.
Los vecinos temen el efecto dominó y que los inmuebles caigan en cadena