«O mar ensina máis ca ESO»

GALICIA

Xosé Xoán Bermúdez, patrón mayor de Camelle, espera por las Navidades, como el resto de los percebeiros, para hacer su agosto. Pero se ha topado con el mal tiempo, que complica, y mucho, su trabajo

28 dic 2012 . Actualizado a las 19:50 h.

Su padre murió cuando él tenía ocho años y recuerda que ya lo acompañaba alguna vez a largar las vetas y una peonera que aún conserva y con la que capturaban peces similares a las sardinas. Ahora, Xosé Xoán Bermúdez Tajes ha cumplido los 43 y acumula más de 30 años de mar, buena parte de ellos como percebeiro. Desde hace cinco desempeña, además, el cargo de patrón mayor de Camelle, en Camariñas, una cofradía pequeña, con unos 150 socios que viven del pulpo, el santiaguiño, el camarón, la nécora, la robaliza y, sobre todo, el percebe.

Ayer llegó con sus compañeros a las rocas a las ocho de la mañana, cuando «aínda era de noite». Tuvieron que esperar una media hora para meterse en el mar, «con ondas de catro metros», pero la mayoría volvieron a tierra con los cinco kilos de crustáceo que ellos mismos se han fijado como tope diario en estas fiestas navideñas.

Fueron dos horas escasas de faena para conseguir unos 200 euros de media, pero la cosa no acaba ahí. «Non é como a xente pensa. Deses cinco quilos, dous son dos bos, que conto con que vaian a 60 ou 70 euros, pero os outros tres, se cadra, quédanse en 25 ou 30. Ademais, imos ao mar uns 10 ou 12 días ao mes, así que hai que botarlle contas», explica Xosé Xoán, que una vez en puerto tiene que pasar por el control del vigilante, y limpiar los percebes de mejillones y restos de roca antes de entregarlos a un transportista para que los lleve al Muro de A Coruña.

«Isto é coma un terreo de cultivo, hai que coidalo e abrigalo. Facemos limpezas, rareos de mexóns e todo o que lle fai falta», añade el patrón mayor, que vive al ritmo que marcan las mareas y el hombre del tiempo. Estos días, al igual que el resto de los percebeiros, contaba con llevarse a casa una alegría propiciada por los buenos precios que alcanza habitualmente su producto, pero el mar no está por la labor de regalar nada. «Non nos deixa traballar e aínda que se están pagando máis ou menos ben, non os podemos coller como nos gustaría, porque os mellores sempre están nos sitios máis difíciles de apañar», continúa el mariscador, que asegura no tener miedo, pero admite que «o perigo sempre está aí».

En contra de lo que sería de esperar, el susto más grande no se lo han dado los percebes, sino el erizo. Fue en 1993, cuando volvía de Touriñán (Muxía) de trabajar como submarinista: «Aí si que había tal temporal que pensei que nunca poderíamos chegar a terra». Pero los sustos están al orden del día. «Hoxe mesmo [por ayer] un compañeiro foi a rolos por entre as pedras e cando cheguei a xunto del estaba branco coma o leite», cuenta Xosé Xoán, para quien su profesión también ha implicado muchas renuncias personales: «Xa desde rapaz, con miña nai e meus irmáns, andabamos ás algas e cando volviamos de faenar había que coller o sacho para ir plantar unha leiriña de patacas, moitas veces co libro baixo do brazo». Aunque no se arrepiente, porque, según dice, «o mar ensina máis ca ESO».