La mayoría de los trabajadores estaban ayer de puente
08 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Ayer no era un día cualquiera en la Diputación de Ourense. Era el primero laborable tras el seísmo provocado por el anuncio de Baltar de que el 1 de febrero del 2013 se despedirá a 32 trabajadores indefinidos. El silencio en la institución ourensana era casi sepulcral. Con la inmensa mayoría de la plantilla de 756 empleados que hay en nómina de vacaciones por el puente de la Constitución, los que acudieron a su puesto de trabajo rehusaban cualquier tipo de encuentro con periodistas. Nadie quería valorar nada en el Pazo Provincial de Ourense.
En ese escenario se hacía difícil pulsar el sentir de los trabajadores. «La gente se lo tomó con resignación, porque también muchos entraron como entraron y son peajes que hay que pagar», explicaba uno de los escasos empleados que ayer estaba en su puesto y que prefiere mantener su anonimato.
Donde más actividad había era en el servicio de Intervención y Recaudación, que al igual que Tesorería funcionó con relativa normalidad. El resto de dependencias de la institución provincial ourensana permanecían prácticamente vacías y con apenas una quincena de trabajadores en su puesto: «Es norma habitual que cuando llega un puente aquí no viene nadie a trabajar. Siempre fue así».
Los silencios incómodos de los trabajadores y los pasillos vacíos se llenaron de ruido y gente tan solo en un momento de la jornada. Fue con la presentación de una actividad cultural que desarrolla la Diputación, y que su presidente, José Manuel Baltar, mantuvo en la agenda, como una muestra de normalidad. Tampoco rehusó las preguntas periodísticas sobre el Expediente de Despido Colectivo. Al irse las cámaras, otra vez el silencio entre el personal que espera con incertidumbre al lunes a que se conozcan los nombres de los 32 empleados indefinidos despedidos. «Non acepto frivolidades deste asunto por respecto ás persoas afectadas», indicó Baltar a los periodistas.
Sin actividad cultural
Donde no hubo ninguna actividad fue en el Centro Cultural de la Diputación, que desde hace unos meses se denomina Marcos Valcárcel. En idéntica situación se encontraba el edificio anexo del Instituto de Desarrollo Ourensano, que recibe directamente fondos de la Diputación.