Cuatro familiares de la indigente coruñesa reclaman su fortuna valorada en cinco millones

La sobrina a la que acusan es la única que la cuidó, según los vecinos. Tenía varios pisos en A Coruña y edificios en Lugo, Santiago, Arteixo y Arzúa

Una de las mujeres que conoció a Josefina, ante la casa de esta, en la calle Orzán
Una de las mujeres que conoció a Josefina, ante la casa de esta, en la calle Orzán

a coruña / la voz

Josefina no era tan huraña como algunos la pintan. «Rara sí que era», admiten las tres personas contadas que la trataban. No lo pueden negar. Cómo se le llama si no a una mujer que pudiera tener una fortuna de al menos cinco millones de euros y vivía en una casa que compartía con okupas y sin electricidad. Ahora se sabe que hubo muchos pobres en A Coruña que comieron y durmieron abrigados gracias a ella. Una monja da fe de ello. En vida, solo uno o dos le conocían esa generosidad. Una de ellas dice que a pesar de su modo de vida, «no tenía dolor alguno por su dinero».

Porque la señora Josefina no se hablaba con nadie en el barrio. Siempre anduvo a su aire, aunque al final de sus días era el aire la que andaba con ella, empujándola poco a poco por los peldaños de una vejez que la condujo a la consulta de unos forenses que no vieron motivos para incapacitarla, y a los brazos de una sobrina, con la única que se hablaba.

Cisma familiar

Murió en el 2004 a los 92 años bajo el cuidado de esa familiar. Y solo entonces el entorno se enteró de que esa mujer natural de Arzúa, que fue maestra de escuela y heredera de una gran fortuna tenía más parientes que la mujer que la cuidaba. «Ahí es cuando aparecieron». Porque hasta la fecha, ni rastro. Eso es lo que dicen los vecinos y dirán el próximo martes en la Audiencia de A Coruña. Declararán, en calidad de testigos, que la sobrina nieta a la que se acusa de apropiarse de 1,6 millones, «fue la única persona que se ocupó de ella en sus últimos años, la que le hacía la compra, la que la acompañaba, la que no se apartó de ella en su última semana de vida, cuando la ingresaron en el hospital». Y la que le iba al banco. Ahí está el problema. Porque sí que es cierto, según reconoce Esther López, abogada de la procesada, que su clienta acudía a las distintas sucursales a retirar distintas cantidades casi todas las semanas. Pero solo sacaba lo que la anciana le pedía, «pues ese dinero era el que luego destinaba a los pobres o a arreglar problemas en los múltiples pisos que tenía arrendados en la ciudad». Porque, según dicen, si a un inquilino se le estropeaba la caldera, ahí estaba ella. Aunque ella no la tuviera en su casa. Ni caldera, ni agua.

Pues bien. Cuando Josefina falleció, «surgieron de la nada» cuatro sobrinos de la zona de Santiago y Arzúa -ella nunca se casó ni tuvo hijos- «a los que la anciana no les abría la puerta», según los vecinos. Esa gente puso el grito en el cielo al enterarse de que su pariente de A Coruña la había cuidado y, según ellos, apropiado de 1,6 millones de su fortuna. Y la denunciaron. No por quedarse sin nada, porque heredaron un gran pellizco, de esos que llevan seis ceros. De hecho, tuvieron que afrontar un pago de 167.314,52 euros por el impuesto de sucesiones. Aparte del edificio de tres plantas en el centro de A Coruña, varios pisos en la misma ciudad, un edificio de cinco plantas en Arteixo, otro en Lugo, más en Santiago y hectáreas en Arzúa, entre otras cosas. Como sus 400.000 euros en acciones de Telefónica o 300.000 en Antena 3. Y cuentas bancarias. El próximo martes, la una y los otros se repartirán codazos en los tribunales.

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