Los hijos, que viven en A Coruña, lo convencieron para que se entregase
21 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Sus caras lo dicen todo. No entienden nada. Son incapaces de encontrar una explicación a lo ocurrido. Porque Manuel era un hombre que «no mataba ni una mosca». ¿Que le pasó entonces por la cabeza para descuartizar a esa mujer? Su exesposa lo ve claro: «Tuvo que volverse loco, perder la cabeza». Sus hijos asienten.
De Manuel dos Anjos casi nada sabían en A Coruña desde que hace tres años dejó a su mujer con la que había convivido desde la adolescencia y con la que había tenido seis hijos, que criaron a orillas de la ría de O Burgo. Hoy son ya talluditos. Manuel, que heredó el nombre de su padre, recuerda que apenas mantuvo con él tres conversaciones en los últimos tres años. Charlas rápidas, «para preguntarle qué tal estaba», por sus hermanos y hermanas, y ahí quedaba todo. Después de que abandonó a su madre, la relación se envenenó, «no era muy buena». De lo que no quieren hablar es de cómo fue el reencuentro del domingo, cuando Manuel dos Anjos se presentó en la conservera para pedir ayuda. Por supuesto que le dieron cama y un plato. Y se vaciaron para pedirle que se entregase, según dijeron algunos vecinos del asentamiento. Lo que sí reconocieron es que, una vez que lo convencieron de que se presentase en las dependencias policiales, se preocuparon por buscarle un abogado. De los de mayor prestigio. Marcaron el teléfono del penalista Ramón Sierra, que se hizo cargo del caso y que hoy lo asistirá en su comparecencia en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Ponferrada.
Cuando La Voz se presentó ayer en el asentamiento, la primera pregunta no la hizo el periodista. La hizo uno de los hijos del homicida: «¿Cuánto cree usted que le va a caer a mi padre por esto?». La respuesta va para largo. Si le hacemos caso a la declaración del autor confeso, la cuchillada mortal en el cuello fue en un forcejeo de manera accidental. En defensa propia. Pero eso lo tendrá que demostrar. En esa habitación no había más testigos que las dos personas. Una está muerta y la otra en un calabozo. Si llega a convencer de ello al juez instructor, de lo que no se librará es de una condena por profanación de cadáver, según fuentes judiciales.
En Bembibre poco pueden esclarecer los vecinos de la zona en la que residía la pareja. A preguntas de periodistas de Diario de León, una mujer que pasó el sábado con ellos bebiendo aseguró que nada le hizo presagiar lo que luego ocurriría.
016, teléfono de alerta
La llamada es gratuita y no queda registrada. Es un teléfono para las víctimas y para quien conozca casos de maltrato a mujeres