Guillermo Marcote Traba no abrió la boca jamás, hasta que lo arrestaron. No fue su conciencia ni un arrepentimiento espontáneo lo que lo hizo sentarse ante un juez. Lo cazaron cuatro años después del crimen porque alguien cercano a él se fue de la lengua. Y eso, sumado a que había agentes de la Guardia Civil en Fisterra que nunca se convencieron de la versión del suicidio, terminó por reabrir el caso y destapar las vergüenzas del pasado.
Un toxicómano delató a Guillermo Marcote Traba, otros le siguieron y el propio Matapitos terminó reconociendo los hechos.
Pero la familia del acusado está convencida de su inocencia. Creen que si confesó fue por presiones, por su estado mental y por la fuerte dependencia que tiene de las drogas. El martes se verá.