Christian Fernández trabaja desde hace dos semanas en el surtidor de una gasolinera de la avenida de Madrid, en Vigo. Le tocó ayer el turno de noche y se llevó un buen susto. Un coche sin control atravesó la estación de servicio y, tras causar múltiples destrozos y dejar un reguero de gasoil, se estrelló contra un concesionario. Sin pensarlo, corrió a auxiliar al conductor. Su idea era retirar las llaves del contacto para que no volasen todos por los aires, pero, para su sorpresa, el coche tenía el puente hecho.
-¿Había tráfico a esa hora?
-Por suerte no había coches.
-¿Cómo ocurrió el accidente?
-Yo echaba diésel a un coche y había otro parado en la carretera general que se disponía a entrar para repostar. Entonces, un rumano que, según dicen, robó un coche y venía borracho a 140 km/h, golpeó en el lateral de un Mercedes que conducía una chica, y que tiró una señal.
-¿Qué pasó después?
-Cuando volví a mirar, el coche que venía lanzado se había estrellado contra la pared del concesionario.
-¿Corrió a auxiliar a la víctima?
-Sí, fui a sacarlo del coche. Estaba incrustado entre el cristal y el salpicadero. Le dije «no te muevas», por si tenía algo roto, pero él solo quería escapar. Como no llevaba puesto el cinto, abrió la puerta, se puso en pie y cayó porque tenía una pierna rota.
-¿Qué le dijo él?
-Nada. Él no entendía nada de lo que yo le decía y tampoco me habló. Solo quería irse de allí, pero no pudo porque estaba muy mal. Se lo llevaron en ambulancia.