Un accidente evitable

Pablo Cayado

GALICIA

Las fuerzas de la naturaleza no pasan por alto la imprudencia. El día del naufragio había alerta amarilla por mar de fondo, de manera que el navegante o no la recibió o hizo caso omiso, y ambas cosas son una negligencia. Que la embarcación navegase varias horas a vela sin ser capaz de salir de la bahía del Orzán parece indicar que no disponía de motor (falta de combustible, potencia o avería). En todo ese tiempo no usó medios de alerta, por lo que se deduce que o bien carecía de ellos o alargó la imprudencia hasta el límite máximo. La tragedia es resultado de un cúmulo de imprudencias, por ello nos tiene que hacer recapacitar a todos los navegantes sobre si salimos bien preparados. Hay que disfrutar y amar la mar, pero también respetarla y ser previsores porque no perdona los fallos.