Las fuerzas de la naturaleza no pasan por alto la imprudencia. El día del naufragio había alerta amarilla por mar de fondo, de manera que el navegante o no la recibió o hizo caso omiso, y ambas cosas son una negligencia. Que la embarcación navegase varias horas a vela sin ser capaz de salir de la bahía del Orzán parece indicar que no disponía de motor (falta de combustible, potencia o avería). En todo ese tiempo no usó medios de alerta, por lo que se deduce que o bien carecía de ellos o alargó la imprudencia hasta el límite máximo. La tragedia es resultado de un cúmulo de imprudencias, por ello nos tiene que hacer recapacitar a todos los navegantes sobre si salimos bien preparados. Hay que disfrutar y amar la mar, pero también respetarla y ser previsores porque no perdona los fallos.