Un constructor sigue en prisión por la muerte de un vecino con el que estaba enfrentado
08 oct 2012 . Actualizado a las 14:13 h.El atropello mortal del pasado agosto en Cedeira (7.338 habitantes), considerado un homicidio intencionado por la familia del muerto y por el fiscal, mantiene en vilo a la villa marinera. Nadie quiere hablar de aquello, al menos públicamente, de lo que ocurrió aquella mañana del 10 de agosto.
Un hombre que trabajó en el complejo de la lonja durante años sostiene que el atropello no fue un acto voluntario, y recuerda que hace años se produjo otro accidente similar en el mismo punto por falta de visibilidad. Este vecino remite al Kilovatio, el popular mesón situado en las inmediaciones. «Allí verás que el pueblo no está dividido», dice sobre este asunto.
Otro habitual de la lonja, que también prefiere el anonimato, da a entender que «hai xente metida nos xulgados que moveu a cousa», pero que Maximino Caruncho Pérez, el constructor que conducía el coche y que está encarcelado desde entonces, «non é mal tío». Aquel 10 de agosto arrolló a su enemigo declarado, Juan José García Cheda, que hasta su jubilación fue director del BBVA en Cedeira. Eran dos personas muy conocidas en la villa.
Pero volvamos al miedo a hablar y a ser reconocido. Nadie quiere exponer su opinión con nombre y apellidos. El propietario del Kilovatio sí responde, pero no se sale del guion de lo que declaró ya ante el juez de instrucción de Ortigueira, que se ocupa de la investigación. José Manuel Muíño, propietario del establecimiento, se encontraba a media mañana del pasado jueves en el bar, aunque el local estaba cerrado. Recuerda que estuvo hablando con Maximino instantes antes de ser atropellado, y asegura que la última persona con la que habló el constructor fue con uno de sus empleados, llamado Alonso.
Maximino y su empleado estaban por esa zona de la villa debido al traslado de la estatua de A Peixeira, el típico monumento de los pueblos pesqueros, desde su instalación provisional, sobre un bloque de granito frente al Kilovatio, hasta el montículo de O Pericoto, situado cerca de la Casa do Mar, donde había estado ya. La obra fue contratada por el Concello de Cedeira con la empresa de Maximino. El hostelero da las últimas explicaciones al periodista, pero no aclara más, porque dice que no vio el accidente, que ocurrió a menos de cien metros de su bar. Se despide y echa el cierre, porque si no es verano abre solo los fines de semana.
Otros cedeireses consultados rehúyen también, o ponen en duda, las conclusiones de la investigación de la Guardia Civil porque, comenta uno, «vinieron al día siguiente a medir», cuando en realidad, Atestados y los agentes de la Policía Judicial estuvieron en el lugar de los hechos la mañana del suceso, y participaron en el levantamiento del cadáver.
Un asunto molesto
El tema molesta, y más que se hable de él en los medios de comunicación «manchando» la imagen del pueblo, como ocurrió en Pontedeume con el caso del muchacho apuñalado por un vecino de la villa de toda la vida cuando lo sorprendió dentro de su casa en el verano del 2011. Son las reacciones de dos poblaciones pequeñas en las que se conocen todos.
«Foi unha desgraza», comenta un vecino, que recuerda que Juan José García (76 años) y Maximino Caruncho (66) eran amigos hasta que una obra del segundo, pegada al edificio donde vivía el fallecido, en la misma línea de casas donde se encuentra el bar Kilovatio, en el último tramo urbano del vial que conduce a la lonja, al puerto pesquero y a la Casa do Mar.
Las diferencias comenzaron hace más de diez años, cuando Juan José entendió que el constructor lo estaba tomando un poco a broma cuando lo requería para que acabase una obra para eliminar las humedades de su vivienda. Juan José llevó el asunto a los tribunales, con el asesoramiento de sus hijos, que son juristas. La obra fue parada por irregularidades y la lucha ante los tribunales continuó con otros proyectos que puso en marcha Maximino, también denunciados por Juan José. Desde el año 2009 planteó hasta ocho procesos, y buena parte de ellos prosperaron.
En medio de esos pleitos, los dos tuvieron varios incidentes, según lo que declaró el hijo del fallecido, que fue una de las primeras personas que llegó al lugar tras el atropello. Hace tres años, según esa versión, Maximino llegó a agarrar por la solapa a Juan José cuando se encontraron en una vinoteca de Cedeira. Hubo amenazas de «sacar los hígados» dos años antes... La relación se fue avinagrando cada vez más.
Maximino reconoció ante el juez que los últimos días antes del atropello había sabido que estaba en marcha la ejecución de un embargo y de cuentas para indemnizar a Juan José. Pero respecto al suceso de agosto, sostiene que Juan José se le cruzó delante de su coche y que no fue a por él.
Sin testigos directos
Un vecino asegura que instantes antes del atropello, cuando Maximino se encontraba dentro de su coche, estacionado ante la estatua de A Peixeira todavía sin trasladar, vio pasar por la acera de su lado a Juan José, que residía en la zona. Llevaba una botella de agua en la mano para rellenar el radiador su viejo BMW. Estaban a menos de cien metros del lugar de los hechos y no existen testigos directos.
La Guardia Civil es clara en sus conclusiones: su acción fue de «intencionalidad manifiesta». El coche de Maximino se dirigió directamente hacia la víctima, que se encontraba en un lateral, ante su viejo BMW, estacionado en algo parecido al arcén. El golpe, a unos 40 kilómetros por hora, según el cálculo de Atestados, lo mató en el acto, y la mitad de su cuerpo quedó bajo el BMW. Los agentes de la Policía Judicial entienden que desvió su trayectoria hacia la margen derecha, en la que se encontraba estacionado el turismo de la víctima.
Informe de la Policía Local
Un agente de la Policía Local de Cedeira elaboró un informe diametralmente opuesto, y concluye que no fue intencionado, aunque ha sido advertido por el juez instructor de que es una investigación de homicidio que es competencia de la Guardia Civil.
La decisión de la Audiencia del pasado viernes de rechazar su puesta en libertad y mantener al constructor en prisión ha llevado a Cedeira a revivir nuevamente los días de agosto. Un suceso que mantiene en vilo a todos, incrédulos, incluso, de la acción de la Justicia.
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