El «sheriff» al que le gusta bailar y el senderismo

Agustín Fernández, inspector de Hacienda de profesión, ha compatibilizado la política y su trabajo durante cinco años


ourense / la voz

Agustín Fernández Gallego (Venezuela, 1959) entró en el PSOE por la puerta grande. Fichó horas antes de que Pachi Vázquez lo hubiese elegido para que fuese el secretario de Economía en su ejecutiva. Era el 2009. Hay quien recuerda que se retrasó la puesta en escena, el momento final de los aplausos y la megafonía, para dar tiempo a que el probable futuro alcalde de Ourense llegase a Pontevedra, pues un asiento vacío en la zona vip, la de la ejecutiva, hacía mal efecto. Inspector de Hacienda, Fernández Gallego llegó al Concello de Ourense con la vitola de independiente en la lista de Francisco Rodríguez. Se hizo cargo de las cuentas y asumió esa responsabilidad durante el mandato de la anterior corporación y en la actual, en ambos casos con gobiernos bipartitos PSOE-BNG, aunque ahora con un grupo nacionalista más debilitado por la pérdida de concejales, al haber pasado de seis a tres. En algún entroido, ya metido en el gobierno municipal, se le ha visto disfrazado de sheriff, con un perfil calcado del clásico entre los clásicos, el irrepetible Marcial Lafuente Estefanía.

De sí mismo decía Agustín Fernández en abril del 2007, cuando aún era candidato a concejal, que le encantaba la docencia, algo que algunos opositores valoraban de él cuando los ayudaba como preparador. También que le apasiona el senderismo y los bailes de salón. Quienes lo conocen en esta última faceta dicen que lo hace bien.

El futuro alcalde es de los pocos miembros del gobierno municipal que compatibilizó su trabajo en la Agencia Tributaria con las labores políticas en la ejecutiva del PSdeG y en el Concello de Ourense, algo que no entusiasma precisamente en la Administración del Estado, al margen de colores o sintonía política. Prácticamente todos sus compañeros de grupo tienen dedicación exclusiva a la política, pero él no. Podía con todo y además tampoco parecía lógico que se redujese la nómina por debajo de la mitad. Ahora, sin embargo, lo hará. Será el alcalde.

Fernández Gallego creció en el PSOE de la mano de Pachi Vázquez, cuando este y Francisco Rodríguez aún eran amigos y había entre ellos sintonía. Sin embargo, cuando le llegó el momento de elegir, se inclinó por aquel con el que estaba todos los días y apostó por Paco. Y en los últimos días ha mostrado en todo momento su apoyo al exregidor, fuese en Lugo en el momento en que abandonó los juzgados el entonces alcalde de Ourense, o en los actos que se celebraron en la ciudad de As Burgas. No se escondió.

A Fernández Gallego le ha tocado lidiar en el Concello de Ourense con una desaparición de dinero de las oficinas de la recaudación, cuando apenas había tenido tiempo de conocer al personal municipal; multiplicarse entre la AEAT y el Concello; elevar la persecución al fraude; introducir mejoras como la bonificación por pagos domiciliados; escuchar críticas políticas no siempre amables cuando su hija empezó a trabajar en la Administración local; gestionar las cuentas municipales de Ourense y reconocer que el PP no le había dejado todo vacío, y modificar en todos estos años los presupuestos cuantas veces lo consideró necesario aunque el actual portavoz del PP lo calificase de «hipermodificador».

Como reto para los próximos tres años, si sale elegido, le queda el toreo. Con medio grupo en contra, todo le hará falta.

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