El exregidor tardó siete días en renunciar y contar su experiencia en la «mazmorra» donde, dice, rezó pese a no ser muy practicante
28 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Francisco Rodríguez intentó aferrarse sin éxito al bastón de mando. Una tarea hercúlea tratándose de un alcalde detenido e imputado en precampaña electoral. Se despidió ayer de la alcaldía de Ourense con un relato no exento de épica, oscilante entre William Shakespeare y Charles Dickens. Habló de traición y deslealtades en alusión a miembros de su propio grupo municipal. Y relató los detalles de su detención y espera en el calabozo ante las quinientas personas que acudieron a apoyarlo. Según dijo el regidor, su pareja se dirigió a los agentes dudando que sus placas fueran reales y uno de ellos habría respondido que «isto pode comprarse nun rastro, pero a pistola que levo detrás é de verdade». Una vez en su «mazmorra» o «zulo», como él mismo lo definió, «non había nin para acostarse, a camisa era o colchón e nada máis». Según confesó, llegó a rezar pese a no ser «excesivamente practicante». El alcalde explicó que aguantó el «suplicio» de la «persecución política e mediática» posterior porque lo quería dejar todo arreglado «para que esta cidade siga tendo un goberno socialista».
La forma en que se desarrollaron los acontecimientos sugiere que Francisco Rodríguez dudaba de que los concejales del BNG fuesen a hacer efectiva su temprana amenaza de dejarlo solo si no dimitía. El domingo, de madrugada, salió en libertad de los juzgados de Lugo, imputado y con una fianza de 6.000 euros. El mismo día, el BNG le exigió la renuncia, con una explícita amenaza de abandonarlo. Horas después, sin embargo, en una comparecencia pública en la consistorial, Francisco Rodríguez dijo desconocer la petición de sus socios de gobierno. De renuncia, ni hablar. Se agarró Francisco Rodríguez a la ficción del debate interno, en el cortísimo recorrido que va de su junta directiva a su asamblea local, alentado por su cerrado grupo de fieles. Como una continuidad de la rígida incomunicación que sufrió en la comisaría de Vigo, cuando aún no sabía que estaba en marcha una investigación que trata de determinar si recibió no menos de cuatro relojes de alta gama como regalo, si obtuvo beneficios en la compra de pisos y cuál ha sido su relación con la empresa Vendex. La investigación se centra en el medio centenar de marcas de este grupo de empresas de servicios. Si el alcalde o algún otro miembro de su equipo de gobierno apoyaron a estas empresas, u obtuvieron algún beneficio, es lo que tratan de determinar y aclarar las pesquisas.
Ha necesitado una semana Francisco Rodríguez. Lo presionó la dirección de su partido, pero no escuchó, pues quizás le hicieron ver en aquellas llamadas un asomo de venganza, fruto del resentimiento del secretario general del PSOE gallego, Pachi Vázquez. Lo amenazaron sus socios de gobierno, pero tampoco. Tal vez creyó que la convivencia de los últimos años le daba carta blanca para maniobrar a su antojo. Hasta le hicieron el vacío parte de sus concejales, a quienes previamente ningunearon desde el gabinete de crisis que lo mantuvo secuestrado desde el domingo de madrugada. Acudió el miércoles a un acto público celebrado en el Liceo, con Xosé Manuel Beiras, Emilio Pérez Touriño, Camilo Nogueira y Daniel Barata. Se situó, con pose institucional, en la primera fila. Sus satélites se distribuyeron por toda la sala.
El plazo del Bloque
El BNG le había dado de plazo hasta ayer. Convocó una junta de gobierno para la una de la tarde, quizás a la espera de un milagro que no se produjo. Los nacionalistas consumaron la ruptura y el concejal Fernando Varela, imputado en el mismo procedimiento judicial, formalizó su renuncia irrevocable apenas transcurridas doce horas desde que abandonó los juzgados de Lugo. Y otra vez a remolque en el camino hacia la salida.