Acosado por error

Atentan contra un vecino de Oza dos Ríos para exigirle el pago de una deuda de juego contraída por otra persona que se llama igual que él. Lo han golpeado, amenazado y esta semana intentaron quemar su casa


a coruña / la voz

Se llama Ángel, su apellido es Fernández, vive en Oza dos Ríos y conduce un coche de la marca Opel. La combinación de estos cuatro datos ha sido el detonante para que la vida de este hombre de 37 años se haya convertido en un infierno. Porque otro Ángel Fernández, también vinculado a Oza y conductor de un Opel, adeuda una cantidad de juego y prostitución a no se sabe quién. El caso es que el acreedor está enviando los mensajeros a la persona equivocada. Las amenazas también han afectado al entorno de Ángel, quien, periódicamente, visita el cuartel de la Guardia Civil de Betanzos para actualizar la denuncia con los nuevos recados que recibe. El último fue el incendio de una vivienda que está rehabilitando en el vecino municipio de Cesuras. En la madrugada del miércoles reventaron puertas y ventanas para introducir botellas con líquido inflamable. Por suerte, los daños fueron mínimos, pero la Guardia Civil reconoció que la intención era quemar todo el inmueble.

Fue el 4 de julio cuando Ángel se dio de bruces con esta situación. «Vino a verme un hombre preguntando si vendía mi coche, recalcaba si tenía un Opel Astra y le dije que no, que era un Opel Vectra», recuerda. Esa conversación fue por el interfono, pero Ángel lo invitó a subir a su piso en Oza dos Ríos. Allí el hombre le reconoció el verdadero motivo de la visita. «Me dijo que se había desplazado desde A Coruña para cobrar una deuda de juego y prostitutas». Y acto seguido lo golpeó en la cara dos veces. Ángel gritó desde el suelo y el hombre salió huyendo. Ese día inauguró las visitas al cuartel de la Guardia Civil, después de acudir al médico para conseguir un parte de lesiones.

Solo cuatro días después alguien telefoneó al trabajo de la novia de Ángel. Le comunicaron que su pareja debía un dinero por juego y prostitución, además de asegurarle que andaba «con otras mujeres». Antes de colgar el teléfono indignada, ella les dijo que se estaban equivocando de persona, «que hay otro Ángel Fernández en Oza», y que su novio no era de ese tipo de hombres.

Tras ese incidente, que también pusieron en conocimiento de las fuerzas de seguridad, discurrieron varias semanas de tranquilidad. «Pensé que todo aquello se había acabado ya, que se habían dado cuenta del error», recuerda Ángel.

Pero un fin de semana de agosto resucitaron los temores. Los padres de Ángel fueron a su casa de Abegondo a pasar unos días y descubrieron en el buzón una carta sin remite y con un mensaje muy breve: si su hijo no les pagaba, ellos debían hacerse cargo de la deuda.

Lo han golpeado, amenazado y esta semana intentaron quemar su casa

Volvieron las noches sin dormir, los temores, la angustia. Ángel llegó a contactar con otra vecino de Oza que se llama como él para preguntarle si era el verdadero deudor, pero recibió una respuesta negativa. «Te sientes impotente, no sabes adónde ir, no sabes con quién hablar, ni siquiera sé qué cantidad me están pidiendo, si son 3.000 euros o un millón, no sé nada», se desespera Ángel Fernández.

Esta semana se reavivaron las llamas de su infierno particular con el incidente de la que será su futura vivienda. Los vecinos de Cesuras recuerdan la visita el pasado lunes de un hombre «bien vestido» llegado en un Audi. Preguntó por la casa de Ángel para consultar algo del tejado. Dos días después un coche despertó a algunos residentes a las dos de la mañana, pero no le hicieron caso. Mientras dormían, alguien intentaba quemar la casa de Ángel. A machetazos reventaron las ventanas y la puerta, por la que introdujeron botellas con un líquido inflamable. Pero para acentuar la amenaza de su mensaje llevaron parte de las botellas derretidas a la casa de los padres en Abegondo, donde en su día dejaron la carta. Hasta tres cuarteles de la Guardia Civil (Betanzos, Abegondo y Curtis) colaboran para desentrañar este lioso entuerto y localizar a los verdugos de Ángel. La próxima semana podría entrar en acción una unidad especial.

«¿Qué será lo siguiente?», se pregunta Ángel, con marcas de cansancio en sus ojos porque «son ya demasiadas noches sin dormir». Los que conocen su problema lo apoyan reiterándole que él nunca se metería en esos ambientes, como garantiza su propia hermana: «Él sabe lo que cuesta ganar el dinero y nadie se lo imagina en ambientes así».

Ángel no sabe cómo poner fin a esta situación. Desconoce la cantidad que se pide. Desconoce quién la reclama. Solo sabe que otro Ángel Fernández de Oza dos Ríos y conductor de un Opel lo ha metido en un problema muy grave.

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