Un vilagarciano rememora el asalto de su vivienda por cinco encapuchados
19 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.A las diez de la mañana del lunes, a plena luz del día, cinco encapuchados saltaron el muro de piedra de la casa de Jesús Brea, en la aldea vilagarciana de Castroagudín, y tras agredir al propietario y a su mujer, les robaron relojes, joyas y el dinero que guardaban en la caja fuerte. Para ello no dudaron en amenazar con llevarse a su hija de tres años, que fue testigo de los hechos.
Tras unas horas en el hospital por la paliza recibida, la víctima -que tiene una empresa de construcción y otra de compraventa de coches- recibía ayer cojeando a un técnico de una empresa de seguridad. «Voy a poner alarmas, cámaras y lo que haga falta», admitía nervioso.
A la hora del suceso, Jesús Brea salía de la vivienda con la comida del perro y dispuesto a marchar en su Audi. «Entonces oí gritar y veo a dos personas, una con la cara de verde como un militar y otro más grande con una placa y un cuchillo en la mano que gritaban: '¡Policía, policía, al suelo!'». Y en unos minutos de confusión en los que el dueño de la casa no sabía qué pasaba, lo tiraron al suelo, le dieron patadas, lo ataron con unas bridas y hasta lo golpearon en la boca con una pistola. En total, había en la casa cinco encapuchados que se hicieron pasar por policías que investigaban robos de coches, hasta que finalmente admitieron la verdad: «Somos los que te vamos a llevar todo lo que tienes».
Sabían la clave de la caja
Lo metieron en la casa, encerraron a la mujer y a la niña y a él le pidieron un millón de euros. «Tú estás mal de la cabeza -les respondió-; yo no tengo ese dinero». Uno de ellos, entonces, le enseñó un número y le preguntó si era el de la caja fuerte. «Le dije que no podía verlo y entonces me golpeó con la pistola en la boca y me gritó: '¿Lo ves ahora bien?'». Y en efecto, era el número. Así que no tuvieron problema alguno para hacerse con el contenido de la caja, que diversas fuentes cifran en 25.000 euros, además de 40 relojes y joyas de la mujer y de la niña. Como en el momento del asalto la familia estaba desayunando, no dudaron en servirse café y galletas para irse con el estómago y la cartera llenos. «Se llevaron las joyas y el dinero y hasta desayunaron en mi casa», insistía. Luego se subieron a su coche. Al salir, le dieron un golpe «y me dijeron que perdonase, que al día siguiente me pasaban el parte». El vehículo apareció luego abandonado.
Jesús Brea está convencido de que al menos uno de ellos era conocido. «Sabía todos mis movimientos. Ahora no sé quién es, pero lo voy a saber, y se va a acordar». La policía los busca y no descarta ninguna línea de investigación, ni siquiera el ajuste de cuentas.