Un gallego captado para repoblar Aragón

La Voz

GALICIA

Gonzalo salió hace años de la parroquia de Camboño (Lousame) empujado por los golpes de la vida

10 sep 2012 . Actualizado a las 10:19 h.

Gonzalo salió hace años de la parroquia de Camboño (Lousame) empujado por los golpes de la vida. No guarda demasiado buen recuerdo de algunos de los sesenta vecinos que tenía entonces, e incluso de parte de su familia, aunque reconoce una vida azarosa, cargada de problemas, que ahora forman parte de su recuerdo. «Gracias a Dios, por poner a la que ahora es mi mujer y a su familia en mi camino», dice.

Fue Natalia, su pareja, quien encontró en Internet una luz que seguir para tratar de hacer frente a la crisis y al desempleo que a ambos afectó cuando trabajan en la hostelería en Alicante. Se encaminaron al minúsculo pueblo aragonés de Torrijo de la Cañada, donde la Asociación contra la Despoblación Rural les ayudó a encontrar una casa de alquiler asequible y dio respaldo a la hora de conseguir una oportunidad en forma de trabajo.

Gonzalo es el único gallego que forma parte de las repoblaciones del rural que han llevado a cabo las dos organizaciones que luchan por la pervivencia de los pueblos en España. «No es fácil acostumbrarse a vivir en un núcleo tan reducido, y de hecho otros matrimonios han venido de las ciudades pero no han aguantado», dice.

Nieve en invierno, calor en verano, falta de trabajo y ayudas para asentarse son los problemas que Gonzalo achaca a los pequeños pueblos que tratan de no desaparecer. «Pero yo animo a la gente que no encuentra oportunidades a que las busque en los pueblos», apunta animado mientras cuenta sus planes para explotar una pequeña huerta mientras no encuentra trabajo y le da vueltas a una idea para gestionar rutas de turismo a caballo.

Acaban de cambiar de pueblo para que su mujer esté más cerca del trabajo y su pequeño tenga el colegio a mano. Miedes de Aragón ha supuesto un salto en su trayectoria, al pasar de compartir vecindad con 279 personas a hacerlo ahora con 462.

Otro ritmo de vida

«El ritmo de vida es diferente, las compras se hacen de otra manera y claro que la gente es cerrada al principio, pero aquí un minuto dura más, hay más tiempo, la puerta está siempre abierta y el niño puede estar en la calle», argumenta Natalia, políglota y emprendedora, y ahora empleada en una cooperativa vinícola tras haber adquirido experiencia en Londres, Madrid y Alicante. «Recomiendo venirse a los pueblos, pero siempre y cuando se tenga algo de vocación», advierte Natalia. «Hay que tenerlo claro y ganas de adaptarse», añade Gonzalo, que aunque acaba de vender la casa familiar en Lousame, no quiere que su hijo deje de conocer sus raíces, aunque a él le traigan recuerdos de épocas malas, «pero ahora soy otra persona, dicen allí cuando me ven».

«No es fácil acostumbrarse. Otros matrimonios no han aguantado»