Será caro. El disputado voto del desencanto. Porque, vistos los resortes que desencajan las piezas del mundo, muchos ciudadanos probablemente lleguen a pensar, al menos por un momento, que es más útil votar en las elecciones alemanas o en la junta de una de las grandes firmas que maneja como una segadora los fondos de riesgo. Porque se hace complicado apartar la lente del cinismo cuando se contempla a los políticos. Llevar a los gallegos a las urnas será un reto para los partidos de todos los colores. Tanto en octubre como en marzo. Porque las formaciones afrontan un desgaste particular por supuestos pecados propios, pero también sufren una erosión generalizada y la calle no es ajena a esa perspectiva de que en cada cita electoral el objetivo es cambiarlo todo para que todo siga igual. Y la presunta fiesta de la democracia se convierte en una especie de ceremonia hueca, porque las promesas serán aplastadas por mercados, primas de riesgo y lejanos bancos centrales. Se ha perdido la inocencia y ya nadie se cree que los intereses de la población influyen en que la fecha electoral sea elegida por unos y rechazada por otros. Ay, el disputado voto del señor desencanto.