Desintegrada la burbuja inmobiliaria, y de esas tierras llegaron parte de estos lodos, queda ahora una que se resiste con uñas y dientes a desinflarse. Si la otra era de ladrillo, esta parece de acero. Es la burbuja política, que ha engordado hasta generar multitud de duplicidades y triplicidades de cargos y competencias. También de incompetencias. Para el ciudadano, el arreglo de una acera se convierte en un peregrinaje por diecisiete Administraciones, muchas creadas exclusivamente para el momento en el que la dichosa acera es, finalmente, inaugurada. Lo habrán visto decenas de veces: al acto acuden alcaldes y concejales, presidentes de diputación y conselleiros, y una larga lista de asesores dedicados a elaborar los discursos que sus jefes, pues hay en Galicia muchísimas aceras, no tienen tiempo de preparar... Maquiavélica o no -D?Hondt quizás diría que sí...-, la propuesta de Feijoo de rebajar el número de parlamentarios -que, dada su relevancia, debería acordarse con el resto de los grupos, PSOE y BNG, ahora en la papeleta de justificar lo injustificable- es sin duda coherente con el ejercicio de autorrecorte que deben practicar los políticos, pero está aún lejos de poner coto al despilfarro, cuyos apellidos (Gaiás, diputaciones, chiringuitos...), llevan a Galicia, machaconamente, hacia un camino de difícil retorno.