La otra paralimpiada de Antonio

Medallista en cuatro juegos, este vecino de Xunqueira de Espadanedo reclama un vehículo que lo traslade a Ourense para entrenar


ourense / la voz

Poco más de media hora en una furgoneta adaptada es toda una odisea para Antonio Cid Cortés, un ourensano (Xunqueira de Espadanedo, 1954) que, a pesar de su parálisis cerebral en grado C-1, ha logrado convertirse en medallista paralímpico en ciudades como Barcelona, Atlanta, Sídney y Atenas. Es especialista en boccia, un deporte similar a la petanca pero adaptado a las personas con discapacidad.

Gracias a un vehículo del 065 preparado para trasladarlo en su silla de ruedas automatizada, el tenaz Antonio podía acudir desde su pueblo hasta los locales de Aixiña, en Ourense, donde una o dos veces por semana recibía tratamiento adecuado a su enfermedad y, de paso, aportaba su experiencia a los jóvenes aficionados a la boccia, como reto de superación personal.

Hace más de un año, sus llamadas a la central de coordinación telefónica del transporte adaptado comenzaron a recibir respuestas negativas, como relata Mila, su hermana: «Le decían que no podían llevarlo, y cuando nos pusimos en contacto con algunos de los responsables del servicio, la única solución que nos daban era que podía hacer el viaje de ida, pero no el de vuelta».

La boccia, nacida en la antigua Grecia y dedicada a deportistas con discapacidades totales o parciales en sus extremidades, fue todo un impulso para este ourensano que nunca se ha rendido. Galardonado como pocos -tiene 110 medallas, según anuncia orgullosa su madre, Francisca-, llama la atención que su figura no sea mejor aprovechada para animar a otros compañeros que se encuentran escollos similares.

Mérito deportivo

El pasado 24 de mayo, la Xunta lo premió con la Distinción al Mérito Deportivo de Galicia, lo que ya había hecho seis años antes el Consejo Superior de Deportes al incluirlo en la Real Orden al Mérito Deportivo. Antonio recuerda que en uno de los actos en los que le impusieron esas condecoraciones dio a conocer sus problemas. «Y aunque las respuestas han sido siempre buenas palabras, todavía no se ha solucionado nada».

Mario Guede, jefe del Servicio Provincial de Deportes de la Xunta en Ourense, explica que se han sensibilizado con la situación de Cid: «Nos la comunicó cuando lo premiaron en A Coruña, pero la verdad es que el 065 depende de Benestar Social, no de nosotros. Aun así, estamos haciendo gestiones desde el gabinete del delegado provincial para buscar alternativas, porque este servicio de transporte adaptado tiene otras prioridades y puede que no se adapte a los horarios de Antonio cuando debe viajar con el equipo». La Consellería de Traballo e Benestar tiene previsto contestar hoy.

Para un luchador como este hijo predilecto de Xunqueira de Espadanedo, no es posible que un mero trámite o la redistribución de las rutas de la concesionaria del 065 signifiquen una barrera insalvable. Y menos para él, que derribó unas cuantas en su camino de superación y en sus siempre ambiciosas metas en las competiciones en las que participó. Con esa esperanza sigue confiando en una solución.

Bolas danesas

Su hermana recuerda cómo se aficionó Antonio a la boccia en los años ochenta: «Con unas bolas que le había conseguido yo en Holanda, donde estaba trabajando, ya que las únicas que se fabricaban para ese deporte venían de Dinamarca y allí fue más fácil conseguirlas».

Un empleado del banco de la localidad lo acercaba a Ourense, y así, paulatinamente, se fue fraguando la leyenda de la capacidad de sacrificio de un hombre que se sobrepuso a todas las trabas, desde su casa en la pequeña aldea de A Graña, frente a la plaza que hoy lleva su nombre, hasta puntos del planeta a los que nunca había imaginado que llegaría.

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