Cervantes cuida de su gente

Lucía Rey
lucía rey CERVANTES / LA VOZ

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OSCAR CELA

Un programa fija la población en la montaña lucense y mejora su calidad de vida

23 abr 2012 . Actualizado a las 07:09 h.

Cuando Manolo, de 57 años, enfermó de cáncer y fue operado en el Hospital A Coruña, tuvo que dejar sola en Cervantes, en el corazón de la montaña lucense, a su madre, Pura, durante cerca de un mes. Ocurrió lo mismo durante las semanas en que recibió el tratamiento de radioquimioterapia. Y pasa otro tanto cada vez que va a revisión. La mujer tiene 87 años y camina con la ayuda de un andador, pero «non se baraxa soa». Necesita que alguien la acueste, la levante, la asee, le prepare la comida, le dé las medicinas, le traiga leña y le encienda la cocina... Y ese alguien está cerca, en la misma parroquia de San Tomé: su nombre es Ofelia, tiene 41 años y una explotación ganadera de vacas. Vive con su marido, su hija, que tiene 16 años, y sus padres. Tres veces al día, mañana, tarde y noche, se desplaza a la casa de Manolo y Pura para cubrir sus necesidades básicas. «Se non fora por ela, non sei como íamos facer», destaca Manolo, que lleva una bolsa pegada al abdomen, tiene problemas de azúcar y se está recuperando de la rotura de una pierna.

El dinero que le pagan al mes a Ofelia, 260 euros por dos horas diarias, «axuda a completar o que entra na casa», explica la mujer, para quien esta actividad significa mucho más que un empleo convencional. «Está moi pendente dos dous, pero especialmente de Pura; e non só das necesidades físicas ou de alimentación que ten, tamén do plano emocional», subraya Maruxa Bardasco, trabajadora de Cáritas en Cervantes. A grandes rasgos, esta es una de las pequeñas grandes historias que alberga cada una de las axudas ao asentamento que gestiona Cáritas, junto con el Centro de Desarrollo Rural Ancares y el Colectivo de Acción Solidaria, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de sus habitantes y fijar población en ese paraíso en la tierra en peligro de extinción que es la montaña lucense.

Ingresos complementarios

«Se en zonas que se están despoboando de maneira alarmante, como é esta, conseguimos que os vellos estean atendidos da maneira en que o necesitan e que a xente máis nova non teña que marchar porque ten uns ingresos complementarios aos das explotacións gandeiras, que cada vez dan menos, chapeau», subraya el sacerdote Ramiro Martínez, uno de los impulsores de la iniciativa social y solidaria.

Dositeo y Oliva son un matrimonio de septuagenarios de Vilasante. No tienen hijos y ahora él está gravemente enfermo. La otra pata de su historia, sin la que les sería imposible seguir adelante, es Maricarmen, de 49 años. La mujer también es el sostén de Manolo, soltero de 72 años que pasó media vida emigrado en Barcelona antes de regresar a su aldea natal. A pocos kilómetros de distancia y a 900 metros de altura viven Oliva, de 92 años, y su hijo Fermín, de 48, que la cuida con todo el amor del mundo. La mujer sufrió una embolia que la tiene postrada en una silla de ruedas. Además padece una serie de complicaciones que la hacen precisar asistencia las 24 horas del día. Su respiro también tiene nombre de mujer: Josefa.

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