Andalucía deja muy claro a Feijoo lo que no debe hacer

Gonzalo Bareño Canosa
gonzalo bareño MADRID / LA VOZ

GALICIA

Pronto veremos a un presidente más agresivo con la oposición y que reducirá la presencia de Rajoy

02 abr 2012 . Actualizado a las 10:21 h.

No ha sido fácil para el PP asimilar el resultado de las elecciones andaluzas. El vuelco histórico en Andalucía era una de las claves en la hoja de ruta diseñada por Rajoy para navegar con cierta seguridad por una durísima legislatura. Lo que estaba pensado como un primer golpe de efecto que diera consistencia al Gobierno y confianza al PP se ha convertido en un mazazo que a las primeras de cambio ha puesto nerviosos al Ejecutivo y a los estrategas de Génova.

Los populares contemplaban, remotamente, la posibilidad de no alcanzar la mayoría absoluta en Andalucía. Pero en ningún caso quedar a 40.000 votos de un Griñán al que se daba por amortizado, ni quedarse a cinco escaños de esa mayoría absoluta. Pasado el shock inicial, esos resultados serán analizados hoy en profundidad en Génova por la dirección en pleno de los populares. Causas, y también efectos.

Pero antes de que Arenas se explique por primera vez ante sus compañeros de la cúpula popular, las elecciones en Andalucía han echado ya por tierra algunas de las teorías políticas con las que el PP se venía manejando. Algo que sin duda le será muy útil a Alberto Núñez Feijoo, que deberá replantearse la estrategia de campaña de las próximas elecciones autonómicas gallegas, que constituirán la segunda gran prueba para Rajoy. Un nuevo fracaso en Galicia pondría contra las cuerdas al Gobierno del PP en Madrid.

Tres claves para el 2013

Lo primero que el líder del PPdeG deberá rechazar de plano es la estrategia diseñada por el gurú de los populares, Pedro Arriola, consistente en que ante el descrédito alcanzado por el PSOE lo mejor que puede hacer un candidato del PP es aparecer poco, decir menos, evitar el choque y esperar a que los votos caigan en su red. A Rajoy le funcionó, pero la situación ha cambiado radicalmente y hacer eso, como ha comprobado Javier Arenas, sería un suicidio político. De modo que más pronto que tarde veremos a un Feijoo inusualmente agresivo contra la oposición.

La segunda lección es que el mismo Rajoy que se volcó en las gallegas del 2009 y fue una pieza fundamental para el triunfo de Feijoo, es ahora más un lastre que un apoyo para cualquier gobernante autonómico popular. Rajoy no va a ser repudiado por sus barones, como lo fue Zapatero, pero su presencia en la campaña gallega será mucho menor.

La tercera y última clave para Feijoo es que no debe cerrarse ninguna puerta. Arenas se creía seguro ganador, no dejó espacio para un plan B y ahora muchos se lamentan de que en Andalucía sea imposible repetir lo ocurrido en Extremadura. Es obvio que el objetivo de Feijoo debe ser la mayoría absoluta. Pero, por encima de ello, su meta debe ser gobernar. Y, aunque en Galicia solo haya tres partidos, las posibilidades de gobierno son múltiples.