En octubre del año 1997, el nacionalismo gallego alcanzaba su techo electoral. El Bloque Nacionalista Galego (BNG) llegaba a la cifra de 392.810 votantes, resultado que, por cierto, Sondaxe anticipó a través del primer tracking electoral que se hacía en España para un medio de comunicación: La Voz de Galicia.
Desde entonces, el BNG ha ido cediendo terreno comicios tras comicios, hasta acabar perdiendo más del 30 % de aquellos votos en las últimas autonómicas de hace tres años. Esa hemorragia de sufragios sigue sin detenerse, a raíz de los resultados obtenidos en el 2011: tanto en las municipales que se celebraron el pasado mes de mayo, como en las elecciones generales que tuvieron lugar el pasado noviembre.
Tales resultados han desembocado en la decimotercera asamblea nacional del Bloque Nacionalista Galego, celebrada a finales de enero de este mismo año. Tras ella, se están sucediendo múltiples escisiones, tanto colectivas como individuales de gran referencia dentro de la formación nacionalista.
Resultado y pesimismo
La encuesta de Sondaxe nos muestra cómo para la mayoría de la población gallega este hecho no es relevante, ya que no se preocupa por el futuro de la formación nacionalista, al afirmar no conocer las bajas que se están produciendo en el seno del BNG. Por el contrario, los que sí parecen preocuparse son los votantes nacionalistas, ya que el 51 % consideran que será algo negativo para los resultados electorales del nacionalismo en Galicia.
Probablemente ese pesimismo se deba al hecho de que, en una tendencia de pérdida de electores como la que está sufriendo, que la fuerza nacionalista se divida en varias opciones políticas, no ayuda a aglutinar todo el voto posible. Y esto, unido al contexto actual de crisis, hará que se acelere más la pérdida de votantes nacionalistas, puesto que seguramente gane fuerza el llamado voto «útil».
Por eso, como dice el dicho, la unión hace la fuerza y en este caso, la desunión debilita el frente nacionalista.