Levantada en 1969, remodelada en tres ocasiones (1976, 1982 y 2003) y remozada con motivo del Xacobeo 2010, la vieja terminal de Lavacolla acaba de cumplir cuatro meses cerrada. Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) no solo no previó qué hacer con ella antes de echarle el candado para abrir la nueva, sino que aún hoy no sabe cuál será su destino futuro. «Estamos realizando estudios para su puesta en valor y posibles usos. De momento, no hay nada», admite una portavoz del citado organismo, el cual depende de Fomento. «Mientras no acabe ese análisis -abunda- no se pueden avanzar resultados». ¿Y cuándo concluirá, exactamente? Para esa pregunta tampoco hay respuesta.
Pérdida de oportunidades de negocio al margen, entretanto, el edificio continúa generando gastos corrientes a la Administración; por ejemplo, en materia de seguridad privada. Sin embargo, oficialmente no se contabilizan como tal «porque están integrados en el mantenimiento general de todo el recinto y no se pueden desglosar», según la misma fuente.
Con una superficie de 18.755 metros cuadrados y un párking anexo para 1.432 vehículos, la terminal antigua debía haber sido demolida al inaugurarse la moderna, de acuerdo con el plan director de Lavacolla del 2001. No obstante, dicho documento fue sustituido en el 2009 por el borrador de otro que planteaba su conservación y conversión en base para vuelos bajo coste. Ya en el 2011, Aena, esgrimiendo «cambios en el mercado», abandonó esa segunda idea sin abrazar otra alternativa.