Vigo y Santander no registraron muertes desde el 2005, pero el año pasado pereció una niña en la de San Sebastián
08 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Por sus características, situación y orientación, en algunas playas de ciudad apenas se producen ahogamientos. Samil -1.700 metros de largo y 25 de ancho-, el gran arenal urbano de Vigo, es un ejemplo. «No es de mar abierto y no es tan peligrosa como el Orzán», comenta Epifanio Lemos, jefe de Protección Civil en Vigo. Sin embargo, advierte, tampoco hay que bajar la guardia. «Tiene corrientes porque está en la bocana y hay que tener precaución. Samil está en un saliente de la ría y ahí las corrientes afectan más. También le influye el mar de fondo», añade Lemos del arenal, que el Ministerio de Medio Ambiente cataloga como de oleaje moderado. «No es una playa peligrosa siguiendo ciertas pautas y haciendo caso a las banderas», señala el responsable vigués de salvamento, que conoce el riesgo del mar del Orzán: «Sé también que los socorristas coruñeses son unos fuera de serie y que llevan material que aquí no usamos, como aletas, debido a la fuerte corriente».
En invierno, en Samil tampoco hay medidas de seguridad específicas. En verano, los medios incluyen socorristas en tierra y varias embarcaciones con personal de salvamento. Desde el 2005 no se contabilizan ahogamientos en Samil, aunque el 18 de enero del año pasado, en la playa de La Fuente, justo al lado, apareció muerta una mujer de 80 años que se había caído al mar.
La de Sardinero, en Santander, tampoco acumula víctimas. «No ha habido ahogados en los últimos cinco o seis años», afirma Antonio Gómez, concejal de Protección Ciudadana. Es una playa orientada al norte, protegida de los vientos y las olas por cabo Mayor. Un arenal básicamente tranquilo. «Es muy estable y sin riesgo, sin corrientes peligrosas», explica el edil. También ayudan los medios y el personal de la Cruz Roja (dos torres de vigilancia, cinco socorristas y otros dos vigilantes a pie de playa).
«Una malva de playa»
De la Concha, en San Sebastián (1.350 metros de largo), el responsable de Salvamento y Emergencias de Cruz Roja en Guipúzcoa, Joan Freixa, dice que «es una malva de playa». «Está protegida, no hay problema de corrientes. Solo hay bandera roja un día o dos, el resto está verde», añade. Pese a todo, el arenal donostiarra -con 8 socorristas y una zódiac en verano- contabiliza dos muertes en los últimos años: un hombre de 74 años en julio del 2008 y una niña de 14 en agosto pasado. La menor, que había ido a nado con dos amigos hasta un gabarrón (plataforma), desapareció de regreso a la orilla. Su cuerpo apareció horas más tarde sumergido a cuatro metros. «Pero es mucho más peligrosa otra de las playas de la ciudad, la Zurriola, a la que van surfistas», señala Freixa. En ella, recuerda, han perdido la vida tres personas el último año. Todos eran extranjeros. En junio se ahogaron un joven polaco y otro congoleño. En octubre fue un estudiante holandés que se adentró de madrugada en el mar con otros dos amigos. Su cuerpo aún no ha podido ser recuperado.