Urbes, concellos endeudados y despoblados, abocados a las uniones
13 mar 2012 . Actualizado a las 19:47 h.El Consejo de Europa tiene medido el volumen mínimo de población de un municipio para que sus prestaciones no sean gravosas para sus residentes y para que alcancen un nivel óptimo de calidad. A partir de 10.400 habitantes, el órgano comunitario entiende que las finanzas locales podrían estar saneadas. Para una correcta planificación urbana, el baremo sube a los 11.600 vecinos, mientras que para una eficaz inspección la barrera se sitúa en 9.800 residentes, y en 8.200 para garantizar sus servicios sociales.
¿La estructura local gallega es la adecuada?
No, aunque es mejor que la media estatal. El 63 % de los concellos gallegos tienen menos de 5.000 habitantes, lo que ocurre en el 83 % de los 8.116 ayuntamientos españoles. Frente a los 199 concellos gallegos que hoy tienen menos de cinco mil vecinos, en 1960 esa situación solo se daba en 128, por lo que la capacidad de hacer frente a sus obligaciones y servicios ha ido disminuyendo en la mayor parte de los concellos al tiempo que se han multiplicado sus competencias. Un 30 % de esas competencias son derivadas desde otras Administraciones.
¿Las fusiones mejorarían la gestión municipal?
Se calcula que si los ayuntamientos españoles menores de 5.000 habitantes se fusionasen hasta alcanzar ese censo, el ahorro sería de 3.866 millones de euros. Habría 35.000 ediles menos, pero el ahorro no surgiría solo del adelgazamiento de las corporaciones, sino de la fusión de servicios y la eliminación de duplicidades; la especialización por núcleos; una planificación más adecuada; en la mayoría de los casos, un aumento de los ingresos procedentes del Estado; una mayor capacidad de presión frente a otras instituciones, y la posibilidad de realizar contrataciones con mejores precios ante proveedores de material, servicios y concesionarias.
¿Qué tipo de concellos serían los más beneficiados?
Los expertos trazan tres niveles en los que las fusiones serían recomendables. Con especial incidencia en Galicia, en los municipios donde su despoblamiento progresivo esté poniendo en peligro el mantenimiento de los servicios más esenciales. La fusión sería también una vía de salvación para los concellos cuyas deudas se hayan convertido en crónicas e imposibles de afrontar. Y en tercer lugar, más que la fusión, la anexión se antoja inevitable donde las ciudades hayan desbordado sus límites y se solapen con los concellos vecinos, como ocurre en A Coruña, Pontevedra, Vigo, Ourense o Ferrol.
¿Qué servicios podrían mejorar?
Una mejor planificación urbana es apuntada como el primer ámbito en el que incidiría la ampliación de la extensión de los municipios en la comunidad. La dotación de servicios como el de policía local (unos 170 concellos carecen de dicho cuerpo), sería más fácil de crear, así como el mantener centros educativos o sanitarios, que por separado no justifican algunos ayuntamientos por su volumen de población. Especialización de personal municipal y reducción de costes en recogida de basuras, transportes y similares son igualmente apuntados.
¿Cómo se perciben las fusiones socialmente?
La clase política teme el posible efecto electoral negativo que en algunas poblaciones pudiese generar la propuesta de una fusión entre localidades con rivalidades marcadas o en la que se diluyese la identidad de los municipios. En todo caso, como la semana pasada puso de manifiesto La Voz, 60 de los 315 actuales alcaldes gallegos estarían dispuestos a fusionar su concello, volumen inexistente hace nada. Entre la población, el apoyo a las fusiones llega al 75 % si con ellas se reduce el gasto público.
¿Qué inconvenientes pueden generar las fusiones municipales?
La pérdida de la identidad histórica de los enclaves de menor peso es señalada como el principal escollo, pero además de sentimientos, desde un punto de vista demográfico se alerta del efecto desertizador que pudiera tener la desaparición de municipios del medio rural en los que el consistorio hace las veces de motor dinamizador, laboral y núcleo social ante la falta de otros actores e instituciones como colegios, empresas o elementos de ocio.
¿Hay alguna fórmula intermedia?
Políticos y sociólogos apuestan por explorar, antes de las fusiones, fórmulas de cooperación intermunicipal, compartición de servicios y creación de mancomunidades de transportes, basuras o abastecimiento y saneamiento, para ahorrar costes e ir preparando a la sociedad para ulteriores fusiones.
¿Qué ocurre en Europa?
La fusión de ayuntamientos fue llevada a cabo en los años 50 y 70 de manera masiva en el norte de Europa para simplificar divisiones territoriales creadas, como en España, cuando no existían métodos de transporte mecánicos. Suiza encabeza desde hace unos años una segunda ronda de fusiones, lideradas sobre todo por ciudades de nivel medio que buscan ganar más peso frente al eje Basilea-Zúrich. La crisis económica ha acabado por imponer la misma receta en el 2011 a Grecia, Italia y Portugal, que deberán reducir sus mapas municipales prácticamente a la mitad. Desde 1950 Suecia pasó de tener 2.281 ayuntamientos a 286; Bulgaria, de 2.178 a 589; Dinamarca, de 1.387 a 275, y Bélgica de 2.669 a 589, como los ejemplos más radicales.
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