¿Cuánto vale una vida?

Manuel Blanco

GALICIA

Existe un lugar común en el imaginario colectivo que tiende a sospechar de la Dirección General de Tráfico y de la Guardia Civil cada vez que instalan un radar o que organizan una campaña para contener los excesos de velocidad: !Hala! Ya están estos otra vez a recaudar... Sin embargo, todos aquellos que miran con recelo estas prácticas deberían formularse una pregunta: ¿Cuánto vale una vida? Cuando termine este año, unas 200 personas habrán muerto en las carreteras gallegas en un insufrible goteo que se sucede año tras año. Es cierto que las cifras de siniestralidad han mejorado, pero no lo es menos que tras cada víctima se esconde una tragedia. El drama de una familia. De alguien que ha perdido a un padre. A una hija. A un hermano. Una catástrofe larvada que en ocasiones pasa desapercibida por su dimensión cotidiana.

Gusten o no, los radares de tráfico se han convertido en una herramienta extraordinariamente útil para poner coto a una de las principales causas de accidentes mortales en nuestras carreteras: el exceso de velocidad. Los de tramo, además, evitarán esa trampa recurrente en la que incurren un buen número de conductores: ahora freno que viene el cinemómetro, ahora le piso que ya lo dejé atrás, una argucia espoleada por esos detectores tan de moda en estos tiempos. El túnel de O Sartego será en breve un poco más seguro. Habrá quien piense que solo servirá para hacer caja. Cada día, no obstante, parece más evidente que también salvará vidas. Que así sea...