El PPdeG lanza su ofensiva para recuperar el poder urbano en Galicia, pero desprovisto de la munición que le brindaba la figura de Zapatero
03 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El papel del Parlamento gallego quedó reducido esta semana a una hoja con enormes espacios en blanco, mientras los políticos se entregaban al frenesí de las últimas inauguraciones legales que, ahora, el tiempo que resta hasta las elecciones del 22-M, se camuflarán en sucedáneos como visitas a obras, fiestas o pregones como el que pronunciará Bugallo en la Festa da Unlla de Santiago. Galicia está en precampaña. Y en su arranque el PP se ha lanzado a la ofensiva golpeando la moral del rival en bastiones como Lugo, mientras el PSOE toma oxígeno tras sacudirse lo que Duran i Lleida definió ayer como el «lastre» Zapatero, que se pone a un lado para no minar más a sus candidatos.
A 50 días vista de los comicios, los partidos han colocado sus cartas boca arriba. El oficialismo del BNG alza el puño en torno al ideario de la revista Terra e Tempo y al blindaje de la alcaldía de Pontevedra, la ciudad de Rajoy, que simbólicamente necesitan mantener para salvar los muebles de la crecida del 22-M y disuadir a los críticos de que vengan el día después con una orden de desahucio.
El PSdeG parte de una posición más sólida. En sus manos tiene dos diputaciones y siete de las ocho alcaldías urbanas, que intentan preservar como el que hace frente a las riadas con sacos de arena sin más estrategia que la que acierte a trazar cada candidato. Al final, todo va a depender del nivel de desbordamiento, pero el secretario general del PSdeG, Pachi Vázquez, ya empieza a ver como éxito la posibilidad de «aguantar mellor» la arrollada en Galicia que en el resto de España.
La situación es muy diferente para el PP, la fuerza que navega a lomos de la ola desatada por la crisis y una tasa de paro del 20% que afecta a uno de cada dos jóvenes españoles menores de 25 años. En Galicia, los de Feijoo se lanzan a la ofensiva decididos a ser la fuerza más votada en todas las ciudades (en el 2007 se les resistió A Coruña, Lugo y Ferrol) y a entrar con mando en las cuatro diputaciones provinciales.
En el cuaderno de campaña del PPdeG se pinta como una opción «realista» incrementar en un promedio del 3% su nivel de voto en Galicia, lo que le abriría las puertas de 220 concellos sobre un total de 315, de los que entre tres y cuatro serían ciudades. Y Vigo, donde los populares se quedaron a 2.000 votos de la alcaldía en el 2007, es la pieza más codiciada para el PP, y la que más necesita retener el PSdeG para cargarse de razones en la estrategia mantenida con la fusión de las cajas.
Ferrol, Santiago y A Coruña entran también en las quinielas del PPdeG con mayor fuerza que Ourense y Pontevedra. ¿Y Lugo? El mejor bastión del PSOE, la única ciudad en la que gobierna en solitario, tampoco escapa a la ofensiva. El fichaje que hizo Jaime Castiñeira de un periodista bien relacionado con el establishment socialista de la ciudad es un golpe dirigido a la moral de Orozco, Varela y José Blanco.
Solo el anuncio hecho ayer por Zapatero al renunciar como candidato puede darle aire al PSOE, al retirarle la red al salto que se disponía a dar un Feijoo deseoso de batirse con el presidente del Gobierno en cada concello. Feijoo pierde su mejor aliado en el PSOE, pero no pocas voces en el PSdeG temen que la decisión de Zapatero los distraiga hablando más de sucesores que de alcaldías.
CRÓNICA POLÍTICA