La Guardia Civil del rural recorre más de 300 kilómetros al día

La dispersión de la población dificulta su tarea en plena oleada de robos


redacción / la voz

Una patrulla de la Guardia Civil de la zona rural de Galicia comienza con cada turno una doble carrera -de obstáculos y de fondo-, porque en algunas jornadas supera los 300 kilómetros al volante atendiendo incidencias de lo más variado, aunque la gran mayoría son robos. Los recorridos no siempre son dentro de las fronteras asignadas al puesto al que pertenecen; la falta de personal los obliga, en demasiadas ocasiones, a acudir a lugares en los que la plantilla se ha quedado bajo mínimos. Algunos alcaldes, como el de Curtis, un municipio coruñés en el que el pasado miércoles se produjo un asalto a cien metros del cuartel, se quejan de que los ladrones se han percatado de esta situación y se ensañan con las casas de las aldeas. El popular Javier Caínzos denuncia que en su área cuidan como pueden de quinientos kilómetros, algo que reconoce que es «materialmente imposible». El regidor tiene claro que el problema está en el número de agentes y que no le valen las excusas sobre la dispersión poblacional de Galicia: «La dispersión poblacional la hubo siempre y ahora lo que hay es, precisamente, menos población», dice para recordar que en el área que le afecta hay 20.000 personas viviendo (distribuidas en los concellos de Abegondo, Irixoa, Aranga, Vilasantar, Curtis y parte de Oza). «Los guardias que tenemos asignados son 22, pero los fines de semana se queda solo una patrulla, algo que no es de recibo». Hace dos semanas, junto a otros alcaldes con el mismo problema, lograron una promesa del delegado del Gobierno de reforzar las plantillas más diezmadas, pero aún no han visto los resultados: «Los compromisos que adquirió el delegado no han surtido efecto; sigue habiendo tres guardias en una zona donde debería haber ocho y la gente está aterrorizada, solo pedimos que la Guardia Civil haga las labores que hizo siempre». Más de 5.000 guardias Los portavoces de la Guardia Civil defienden la calidad de un servicio que aseguran que va «mucho más allá» de las acciones policiales: «Los agentes ayudan a las aldeas cuando se quedan aisladas por la nieve y hacen numerosas acciones sociales». Recuerdan que la plantilla desplegada en Galicia cuenta con más de 5.000 guardias repartidos en 170 puestos y cerca de 200 cuarteles, «casi uno por concello», según precisan. Reconocen que los niveles de delincuencia se han incrementado, aunque no creen que esta situación esté relacionada con la crisis. El verdadero problema es, según dicen, que los asaltantes ahora se organizan y no solo tienen en cuenta el botín, sino el nivel de seguridad que hay en el entorno en el que pretenden actuar. Esta organización la tienen en cuenta incluso para hacerse con cobre y gasoil, dos de los productos más buscados por los delincuentes en los últimos meses. Además de nuevos delitos, como las estafas a través de la Red, los investigadores se topan con más dificultades para vigilar fuera de las ciudades. Una de ellas tiene que ver con el modelo de construcción de algunas urbanizaciones o casas: «Todo el mundo busca la intimidad y construye las fincas con unos muros impresionantes, a veces las patrullas llegan a un lugar y no pueden actuar, aunque sospechen que se está produciendo un delito dentro; por otra parte, en las nuevas urbanizaciones se pierde arraigo social y los vecinos ni se conocen», precisa un responsable policial. En otros casos, son los numerosos fallos de las alarmas los que obligan a las patrullas a hacer viajes en vano. «En buena parte de las ocasiones no aparece ni el responsable de la alarma ni el de la finca y nosotros hemos tenido que interrumpir otro servicio para acudir a la zona en la que sonaba la alarma», precisan fuentes policiales. Despistar con las alarmas es, precisamente, una de las tretas que la Guardia Civil ha detectado que más usan las bandas que asaltan chalés: hacen saltar una en un lugar para atraer a la patrulla que esté en la calle en ese momento (en cada municipio no suele haber más de una) y, mientras, dan el golpe en otra urbanización más alejada, de forma que se aseguran que los guardias están verificando la primera incidencia. A finales del año pasado se produjo una ola de robos en casas del municipio coruñés de Oleiros donde se empleó este modus operandi. En aquella ocasión los ladrones incluso dejaron que una parte de la banda actuase como cebo y «se dejase coger e identificar» por los agentes que acudieron a comprobar por qué sonaba la alarma.

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