Los líderes del PSdeG y del Bloque afrontan su primer test electoral

La Voz

GALICIA

Cuando Alberto Núñez Feijoo tomó las riendas del PP gallego, en enero del 2006, tuvo que aguardar casi un año y medio para que las urnas pusieran a prueba su liderazgo político y evaluaran si era realmente la persona capaz de iniciar la remontada. El test de las municipales del 2007 fue trágico para Feijoo, pues su partido no solo se dejaba 40.000 votos en el camino, sino que era expulsado del gobierno de todas las ciudades gallegas, golpe del que más tarde se recuperó conquistando la Xunta.

Para el liderazgo de Pachi Vázquez en el PSdeG y para el de Guillerme Vázquez en el Bloque Nacionalista Galego, las próximas municipales van a representar tanto como supusieron para Feijoo aquellos comicios de mayo del 2007, hasta el punto de que puede convertirse en el único elemento determinante para alterar el equilibrio de fuerzas en los grupos de la oposición y, en menor medida, también en el Gobierno.

El PPdeG afronta la cita del 22-M en una posición muy cómoda, sin grandes cosas que perder y casi todo por ganar, pues si la situación de crisis le pasa factura a alguien es al propio PSOE, según atestiguan todos los estudios demoscópicos.

El PSdeG y el BNG acuden a las elecciones a la defensiva, con la necesidad de mantener el gobierno en las siete ciudades gallegas y en dos de las cuatro diputaciones. Cualquier resultado adverso, sobre todo si la pérdida es importante, puede llegar a desestabilizar internamente a los partidos de la oposición, toda vez que tanto en el PSdeG como en el BNG hay grupos de oposición interna dispuestos a ajustar cuentas con la dirección.