Galicia, el rompeolas de la Península

Xesús Fraga
Xesús Fraga REDACCIÓN/LA VOZ.

GALICIA

La posición de la comunidad la sitúa en el paso frecuente de borrascas y la expone al oleaje del Atlántico, que el martes pasado multiplicó su fuerza por los vientos locales

12 nov 2010 . Actualizado a las 03:39 h.

Los destrozos sufridos el pasado martes por la costa gallega fueron causados por un violento oleaje que afectó a infraestructuras portuarias y otras instalaciones a pie de mar, principalmente en las provincias de A Coruña y Lugo. Una ciclogénesis explosiva -una borrasca que se profundiza a una velocidad muy rápida- bautizada como Becky creó las condiciones para que estas olas alcanzasen grandes dimensiones, pero en la magnitud de los daños también intervinieron otros factores, como la coincidencia de lo peor del temporal con la pleamar, y la propia ubicación geográfica de Galicia.

«No le llaman Costa da Morte por nada», explica Antonio Lechuga, jefe del área de Costas del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (Cedex), dependiente del Ministerio de Fomento. Para este experto, el noroeste de la Península, por su posición, está expuesto a olas que han viajado durante kilómetros de océano y rompen en Galicia «a la máxima distancia posible desde que se generaron». Lo mismo ocurre con las borrascas que se originan en el Atlántico norte, como recuerda el meteorólogo de MeteoGalicia Juan Taboada, que, empujadas por la corriente en chorro, encuentran aquí su primer contacto con tierra. De este modo, se dan las circunstancias idóneas para los temporales, «mucho más que en la cornisa cantábrica, adonde llegan ya con cierta inclinación», subraya Lechuga, y hacen de Galicia «el rompeolas de la Península».

Alimentación

En el caso del oleaje que azotó la costa gallega esta semana, Lechuga destaca la confluencia de mar de fondo con las olas generadas por los vientos locales del noroeste, que llegó a máximos de 120 kilómetros por hora, lo que multiplicó la fuerza con la que el mar llegó a tierra. Las olas y el viento establecen además un fenómeno de alimentación -a ráfagas más intensas, mayor altura de ondas-, que se vio acentuado por la dirección de las rachas, soplando de mar a tierra.

El resultado de la suma de estos factores lo registraron las boyas que tiene situadas Puertos del Estado en el litoral gallego: el martes se contabilizaron olas de 11,6 metros en la de Vilano-Sisargas, 10,7 en la de Silleiro y 10,4 en la de Langosteira. Este dato corresponde a la altura significante, obtenida del tercio de las olas más altas, por lo que la onda de mayores dimensiones pudo estar en torno a los 16 metros. Hasta ahora, las olas más altas de las que se tienen constancia en España datan del 24 de enero del 2009, cuando se registró una de 26 metros en Santander y otra de 23 en la zona de Estaca de Bares.

De la fuerza que arrastran estas olas da una idea el hecho de que movieron 150 bloques de hormigón del puerto exterior de A Coruña, de 150 toneladas de peso cada uno. Antonio Lechuga explica que cada metro cuadrado de una ola de 10 metros de altura representa la presión que ejercería un cuerpo de entre 20 y 30 toneladas, aunque influyen factores como la velocidad o la densidad del agua. Otra fórmula, en este caso para una ola de 15 metros, obtiene una energía de 1,7 megavatios por cada metro lineal, lo que equivaldría a algo más de 20 coches de cien caballos de potencia.

Mayor intensidad

Pero fue la coincidencia del momento de mayor intensidad del temporal con el punto de más altura de la marea, unido al factor de que las bajas presiones contribuyen a elevar el nivel del mar -según Lechuga, en Cantabria llegó a subir 60 centímetros-, lo que acercó todavía más las olas a tierra, donde descargaron toda su fuerza sobre diques, paseos y otras instalaciones. Lechuga explica que las olas, una vez formadas, son capaces de recorrer kilómetros sin apenas perder energía, ya que en el océano no encuentran obstáculos hasta que rompen al llegar a tierra. Fue lo que ocurrió este martes pasado con el mar de fondo que batió contra el litoral gallego.